Lammasu
o Lamassu o Lamasus o Lamasu o Shedu (cuneiforme, AN.KAL; acadio, Kuribu; babilonio-asirio, Karabu). En la mitología mesopotámica es una divinidad protectora, un ser híbrido legendario, principalmente de la mitología asiria, que posee cuerpo de toro o león, alas de águila y cabeza de hombre. El motivo de un animal alado con cabeza humana es común en Oriente Próximo. Por primera vez apareció en Ebla alrededor del 3.000 a.C.. El primer lammasu apareció en Asiria durante el reinado de Tiglat-Pileser. En un período muy posterior, un león alado apareció en la bandera de la República de Venecia refiriéndose en este caso a san Marcos Evangelista, el patrón de Venecia. Estos grandes hombres-toro alados surgen en Asiria como elementos apotropaicos para guardar las puertas de las ciudades o palacios de sus monarcas, generalmente por parejas. Además de benéficos y protectores para los que los poseyesen, estos toros androcéfalos alados infundían temor y respeto a los espíritus maléficos y a los enemigos. Existía una leyenda por la que mataban a los que se aproximaban, excepto a los hombres puros y buenos. Por lo general, su creación se atribuye a los antiguos asirios. Los lammasu se situaban en la entrada a la ciudad, por lo que todo el que entraba los veía. Si se mira de frente, parece que está quieto y si se mira lateralmente, parece caminar. Si se mira oblicuamente, aparece representado como si tuviese cinco patas. Y son muy altos, por ejemplo, en Dur Sharrukin llegan a medir 4,20 m. Se hace a propósito para hacer que parezcan poderosos. En este caso el lammasu se utiliza como un símbolo de poder. El lammasu es un genio celestial de la mitología mesopotámica. Humano por encima de la cintura y toro por debajo de la misma, pero también tiene los cuernos y las orejas de un toro y con frecuencia con alas. Los toros, en Mesopotamia, se asocian sobre todo a las corrientes de agua que llevan a la fertilidad, al poder, al estar sobre la tierra, como se aprecia en sus recias pezuñas. Por otra parte la cabeza humana les dota de inteligencia y tiene larga barba historiada, lo que les liga a las divinidades. La cara esculpida representaba al rey que gobernaba en el momento de levantarse la escultura. Además lleva una tiara con cuernos (tambien ligada a la divinidad), cabellera espesa y cinturón, que representa el poder. Por el bajo vientre asoman escamas de pez y las alas de águila suponen relación con el sol, al igual que los antiguos eqipcios inspirado por la divinidad solar. Son seres que recrean el equilibrio entre el cielo, la tierra y el agua, y permiten intermediar entre los hombres y las divinidades. Como espíritus del hogar protegían al pueblo común. Más tarde, durante el período babilónico se convirtieron en protectores de los reyes y se colocaban en las entradas de ciudades o palacios. Los acadios asociaban al dios Papsukkal con Lamassu (vertiente femenina) y al dios Isum con Shedu (vertiente masculina). Para proteger las casas, los lammasu eran grabados en tablillas de arcilla, que luego eran enterradas bajo el umbral de la puerta. Se colocaban a menudo en pares a la entrada de los palacios y las ciudades, en tamaño colosal. Las entradas solían mirar cada una hacia uno de los puntos cardinales. A veces, también eran motivo de decoración parietal en los palacios neoasirios entre los siglos IX y VII a.C.. Esta herencia neoasiria sería recogida posteriormente por el arte persa, donde con algunas variantes se representaron en las entradas monumentales del centro ceremonial de Persépolis. En Arte, los lammasu eran representados como híbridos, toros o leones alados con la cabeza de hombre. Estos grandes genios mesopotámicos pueden verse hoy día conservados en museos como el Británico en Londres, el Louvre de París, el Nacional de Iraq en Bagdad, el Metropolitano de Arte de Nueva York, el de Pérgamo en Berlín y el del Instituto Oriental de Chicago.

