Aceite

Por tratarse de un producto siempre muy apreciado, el aceite significó riqueza y prosperidad desde tiempos remotos. En cuanto combustible para las lámparas fue, por otra parte, símbolo de la luz y, por consiguiente, de energía iluminadora, inteligencia y pureza. En este último sentido se utilizaba en los misterios de Eleusis. Por su parte, los atletas griegos se embadurnaban el cuerpo con aceite, de donde se derivó una nueva significación: flexibilidad corporal, aptitud para el esfuerzo; siendo seguidamente traspuesta esta noción al orden espiritual (=disponibilidad para los combates espirituales). Se ha supuesto un valor también en origen a aquella costumbre: "No es un acto defensivo, para que resbale la mano de un competidor que pretendiera agarrarlos, sino un símbolo evocador del líquido amniótico, al igual que para algún autor la forma del estadio sugiere una enorme matriz". Nos hallaríamos así, una vez más, en pleno discurso de la fecundidad. El alto aprecio del aceite en el mundo israelita justifica que se emplease para el rito de la unción, mediante el cual una persona o un objeto eran dedicados a Dios y quedaban enteramente a su servicio.
 
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