Tebas/Deir el-Medina
Palabra árabe que significa "El convento de la villa" (ver, infra). Es el nombre actual de la localidad donde se hallaba el pueblo y el cementerio de los obreros del Valle de los Reyes, de las Reinas y otros santuarios. La institución que garantizaba al Faraón la ejecución de su morada de eternidad era llamada "La Gran y Noble Tumba de millones de años de Faraón, vida, salud y fuerza, al oeste de Tebas" pero, generalmente, en los documentos administrativos se expresaba bajo la denominación abreviada de "la Tumba". En los textos jeroglíficos de los monumentos privados se utilizaba más frecuentemente la expresión de Ta Set Maat "el Lugar de la Verdad". Tanto el hipogeo del faraón como la organización de trabajadores y los útiles afectos al trabajo que hacían, estaban incluidos en la institución. El dominio de la Tumba, per jer, abarcaba un territorio amplio que comprendía los secos valles y las montañas del occidente tebano, donde eran construidas las tumbas de la familia real, así como el área ocupada por la aldea y algunas parcelas de tierra en la zona fértil de la planicie. El Faraón, a través de sus delegados, asignaba a sus trabajadores tres cosas fundamentalmente: una casa, un lugar para construir su tumba y lo necesario para poder vivir, bajo la forma de salarios y regalos. Los trabajadores de la necrópolis tenían su residencia en una aldea que denominaban sencillamente "la aldea", pa demi, situada en el lecho de un antiguo uadi entre la colina de Gurnet Murrai y las montañas del desierto líbico, a espaldas de los grandes templos funerarios de la orilla oeste, en un punto intermedio entre Ta Set Aat, que ahora denominamos Valle de los Reyes y Ta Set Neferu, ahora llamado el Valle de las Reinas. Aunque el lugar había sido habitado anteriormente, la fundación de "la Tumba", fue decretada por el rey Thutmose I. La etapa más floreciente de la aldea comenzó con la reorganización administrativa llevada a cabo en el año 7 del reinado de Horemheb. Un pueblo construido en un lugar tan inhóspito resolvía perfectamente todos los aspectos referidos a la confidencialidad de los habitantes (guardianes de secretos reales) y a la logística de transporte hasta el importante lugar de trabajo, pero incorporaba serios problemas de intendencia, como eran los suministros, especialmente el agua. El suministro de agua se tenía que hacer con caravanas de burros que permanentemente bajaban hasta las zonas habitadas de Imentet Uaset, a recoger el agua potable de los canales próximos a las fértiles riberas del río Nilo. Para tratar de solucionar este problema se excavó un pozo de proporciones descomunales (una boca de 35 m de diámetro y una profundidad de 42 m) al norte del pueblo. Pero este gigantesco agujero no resolvió el problema del agua y, sin embargo, sirvió de vertedero durante generaciones, por lo que se convirtió en un magnífico archivo donde quedó recogida la vida cotidiana de la comunidad. De este agujero se ha extraído una parte muy importante de nuestro conocimiento sobre la comunidad. El suministro de alimentos y útiles se efectuaba desde los almacenes de los complejos templarios de la orilla oeste, básicamente de Medinet Habu. Entre el pueblo y el Valle de los Reyes había otro núcleo de población. El lugar tenía algunas cabañas de piedra y una capilla dedicada a "Amón del Buen Encuentro". Permitía disponer de un punto de descanso en el camino entre la aldea y otros lugares de trabajo. En este punto, el más alto en el recorrido habitual de los obreros, el sendero se divide en tres: hacia el este, en horizontal, se dirige a Deir el Bahari; hacia el norte, inicia inmediatamente la bajada al Valle de los Reyes, y hacia el oeste, todavía en horizontal, se dirige al Valle de los Monos. El camino hacia el Valle de las Reinas bajaba directamente desde la aldea hacia el sudoeste, salvando una pequeña colina. Aquí se encuentran los santuarios de Ptah y Meretseger. Han sido sacados a la luz y analizados objetos de uso diario: papiros, ajuares funerarios, cerámica, etc.. La perfectamente proyectada ciudad de los obreros que trabajaban en la necrópolis (picapedreros, escultores y pintores), toda ella amurallada, con una sola puerta, conserva las plantas de sus bien diseñados edificios y se encuentra en la hondonada enmarcada por dos cadenas montañosas, En la ladera norte, en la parte superior de la ciudad, los artesanos allí empleados construyeron sus propias tumbas. Se llamaban a sí mismos "servidores del lugar de la verdad". En estas tumbas se encuentran representadas escenas funerarias y de la vida cotidiana, documentos valiosísimos para conocer el Antiguo Egipto. Entre las más conocidas figura la de Sennodjem (nº1), cuya dotación móvil fue trasladada a El Cairo. Deben mencionarse así mismo Inherjaui (nº359), Pashedu (nº3), Ipui (nº217). Sobre el borde nordeste de la ciudad estaba el templo más importante, dedicado a Hathor. Había sido iniciado con un pequeño oratorio de Thutmose I, que después fue ampliado por Amenhotep III. Pero fue Sethy l quién construyó un magnífico templo con pilonos, sala hipóstila y naos. Este templo lo enriqueció después Ramses II con nuevas salas y una "residencia" dedicada al culto del Ka real. Tras varias reconstrucciones, el templo debe su configuración actual, básicamente, a las realizaciones de la época ptolemaica. Hay una significativa presencia de elementos cristianos coptos, últimos usuarios del templo, y a los cuales se debe su nombre actual. La denominación árabe de este lugar es Deir el-Medina; es decir "el convento de la Villa". Se llama así porque su recinto fue ocupado por una comunidad cristiana desde el siglo V d. J.C. hasta fechas relativamente recientes. Los monjes cristianos se instalaron en el templo de la aldea, y el edificio pasó de ser el santuario de la diosa egipcia Hathor a estar bajo la protección del mártir Isidoro, durante el mandato del obispo lbrahim. Estaban vinculados a la comunidad cristiana instalada en Medinet Habu (Dyeme). Los pobladores de "pa demi" adoraban a Amenhotep I y a su madre, la reina Ahmose-Nefertari. También rendían culto a Amón, Mut, Min, Sobek o Harmakhis. En las casas, el dios Bes o la diosa Tueris, como dioses protectores del hogar, tenían un ¡ugar importante, junto al de sus reyes y al recuerdo de los ancestros familiares.

