Casas romanas

Había más variedad en la arquitectura doméstica del mundo romano que en la del griego. El rasgo básico de la casa urbana italiana (domus), que puede haber tenido orígen etrusco, era un espacio central (atrium), con un agujero en el tejado para permitir el paso de luz y lluvia que se recogía en un estanque, y para salida de humos del hogar. Ésta funcionaba como la principal sala de recepción a la que se añadían habitaciones adosadas a cada lado y al fondo. Hacia el siglo I a.C. la mayor parte de la población urbana vivía en bloques de apartamentos (insulae) que se levantaban varios pisos y cuya planta baja con frecuencia estaba ocupada por tiendas y talleres. Poseídos por ricos especuladores y alquilados a la muchedumbre, sus frágiles estructuras se construían apresuradamente y eran notablemente propensas al derrumbamiento, fuego o sobrepeso. Los restos de bloques más espaciosos y tal vez menos endebles se han encontrado en Ostia. En las provincias la influencia del peristilo helenístico es más pronunciada y las casas de los ricos estaban decoradas con esculturas, mármoles, frescos y mosaicos. Las casas de campo alcanzaban proporciones palaciegas y desempeñaron un importante papel en la difusión del modo de vida romano a través del Imperio.
 
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