Ciudadanía romana

Los habitantes de Roma podían tener diferentes derechos (iura), tanto públicos "iura pública", como privados, "iura privata". Podía ser un derecho completo, "optimo iure" o disminuido, derecho latino "ius Latii". La ciudadanía romana conllevaba toda una serie de derechos y privilegios, incluido el derecho al voto (suffragium), el derecho a establecer contratos vinculantes legalmente (commercium) y la capacidad para contraer un matrimonio legal (connubium). También implicaba el correspondiente conjunto de obligaciones, principalmente el pago de impuestos y el servicio militar. Sin embargo, la ciudadanía era flexible y no significaba lo mismo de forma automática para todos los ciudadanos. Era posible tener una ciudadanía parcial, por ejemplo la "ciudadanía sin voto" (Ver, Municipium), y los no ciudadanos podían ostentar alguno de sus privilegios. Por ejemplo, los latinos tenían derechos de commercium, connubium y un derecho al voto limitado. La extensión de los privilegios ciudadanos también dependía de la riqueza y del rango (Ver, Censo, Proletarios). La ciudadanía se podía obtener de diferentes maneras, la más obvia era por herencia de un padre ciudadano que había contraído un matrimonio legal. Pero la ciudadanía romana nunca estuvo confinada de un modo exclusivo a los ciudadanos de nacimiento y desde los primeros tiempos Roma había abierto sus puertas a los extranjeros. Los latinos podían hacerse romanos por el mero hecho de pasar a residir en Roma y los esclavos se convertían en ciudadanos de modo automático cuando se les manumitía. La ciudadanía también se podía otorgar a extranjeros (individuos o grupos) como recompensa por los servicios prestados y bajo el Imperio la obtención de la ciudadanía llegó a ser automática para los hombres que completaran su servicio en las tropas de auxilia. En algunas ocasiones se otorgó una ciudadanía completa o parcial a los pueblos de Italia conquistados, y tras la Guerra Social, la totalidad de Italia la recibió. Durante el principado los emperadores otorgaban la ciudadanía para favorecer a particulares, ciudades y en algunas ocasiones a provincias enteras, proceso que culminó el año 212 cuando Caracalla otorgó la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio. Ver, Clases sociales.
 
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