Colonización griega

Una colonia era una nueva comunidad, normalmente fundada desde una sola polis preexistente, aunque están atestiguadas fundaciones conjuntas de dos o más poleis. Era independiente desde el primer momento, si bien mantenía relaciones sentimentales y religiosas con su metrópolis. Corinto fue excepcional al tratar a sus colonias como dependencias. Según las tradiciones acerca de la fundación, los futuros colonos tenían que consultar el oráculo de Delfos. Normalmente los colonos expedicionarios sólo eran unos pocos centenares de hombres en la plenitud de su fuerza dirigidos por un oikista o fundador. A su llegada señalaban el emplazamiento de la ciudad dividiendo la tierra en parcelas para construir casas dentro del perímetro amurallado y parcelas para su explotación agrícola en el exterior, cada colono recibía una parcela del mismo tamaño. Tras su muerte el oikista recibía culto como si fuese un héroe. Aunque las colonias eran una intrusión ajena, normalmente establecían un modus vivendi con la población indígena que normalmente era menos avanzada tanto política como culturalmente y muchos colonos debieron casarse con mujeres nativas. La renovada exploración ultramarina emprendida por los griegos tras el final de la Época Oscura se había caracterizado por asentamientos mixtos de griegos y no griegos. La gran época de la colonización griega en sentido específico comenzó hacia la mitad del siglo VIII a.C. y se prolongó hasta los comienzos del siglo VI. Durante este período se implantaron ciudades griegas en el Mediterráneo occidental tan lejos como Massilia y Cirene, aunque eran más densas en el sur de Italia y Sicilia (la región conocida como Magna Grecia), en las orillas del Mar Negro y en Calcídica. Las ciudades más importantes en este proceso colonizador fueron las de la isla de Eubea, Calcis y Eretria, además de Corinto, Mégara, y Acaya en el Peloponeso, Mileto y varias islas del Egeo. El motivo principal de estas empresas era la búsqueda de tierra, que se había hecho necesaria por el incremento de la población y/o la crisis agrícola y que está ejemplificado por las tradiciones acerca de colonos expulsados o con el regreso prohibido y por la elección de emplazamientos con tierra fértil para muchas colonias. En correspondencia con lo anterior, territorios que disfrutaban de amplias áreas de expansión inmediata colonizaron tarde, como el Ática, o no colonizaron nunca, como Beocia. La escasez de tierra puede también estar en el fondo de motivaciones expresamente políticas: las tradiciones acerca de la fundación de Tarento y Cirene hablan en ambos casos de luchas políticas mientras que la colonización llevada a cabo por Focea fue una respuesta a la expansión persa. La otra causa importante era el comercio. Mileto estableció la mayor parte de las colonias del Mar Negro por razones comerciales en zonas que por lo demás eran poco atractivas. El establecimiento de estos asentamientos era muchas veces menos formal y con frecuencia se establecía una distinción entre emporia (enclaves comerciales) y colonias en sentido estricto, aunque las series de ciudades en tomo al Helesponto y los estrechos de Mesina proporcionan numerosos ejemplos de colonias regulares originadas por el comercio. Incluso en colonias predominantemente agrícolas el comercio entró en consideración con frecuencia. Siracusa y Tarento poseen puertos magníficos y muchas colonias tienen acceso a puntos con facilidades para comerciar. A lo largo del siglo VI el impulso colonizador se ralentizó y el fracaso de Dorieo hacia el año 510 a.C. sugiere que la tierra sin reclamar se estaba haciendo escasa. Las colonias de la Época Clásica tendieron a convertirse en instrumentos de la acción política, buscaban la influencia o el control sobre territorios o la protección de las rutas de comercio, como en los casos de Turios o Anfípolis, y con más frecuencia las poblaciones eran mixtas. Incluso en el siglo IV el instinto colonizador no había perecido y tenemos varios decretos de fundación de nuevos asentamientos. Ver, Cleruquía.
 
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