Educación

La educación en la antigüedad se basaba en gran medida en el estudio de la Retórica con el objetivo de formar oradores públicos efectivos, pero hubo considerables variaciones locales. En Esparta, a pesar de su floreciente cultura arcaica, la educación en el período clásico se limitaba a la producción de una eficiente élite militar. Los niños de ambos sexos se retiraban del cuidado paternal a la edad de siete años y eran alojados en barracones gestionados por el Estado en donde se ponía el acento en el deporte y la educación física, aunque no se llegaba a la exclusión de la lectura, la escritura y la música. En Atenas prevalecían unas condiciones más liberales. La escolarización elemental no era obligatoria: era privada y de pago, pero no resultaba cara. Desde la edad de seis años la mayor parte de los alumnos, de ambos sexos, asistían a tres escuelas: una para la gimnasia (paidotribes), otra para la música y la poesía (kitharistes), y otra para el aprendizaje elemental de la lectura y escritura (grammatistes). La mayor parte de los maestros eran esclavos, aunque el director solía ser un liberto. Tras la escuela elemental los hijos de los padres más ricos podían continuar su educación hasta los dieciocho años en una escuela secundaria que ofrecía una formación profesional en Derecho o Medicina o Retórica o también se podía asistir a los cursos impartidos por los Sofistas. Mas conocidas eran la Academia platónica, el Liceo de Aristóteles (Ver, Escuela Peripatética), y la escuela de retórica establecida por Isócrates. En el mundo helenístico el modelo establecido en la Atenas clásica se formalizó en una estructura que siguió vigente hasta la Edad Media. La educación siguió siendo privada pero había una tendencia general hacia la intervención estatal con el establecimiento del Gimnasio y de las Bibliotecas públicos. La escolaridad se concentraba ahora en un solo edificio y los estudiantes se dividían por grupos de edad. Hasta los catorce (paides), de catorce a dieciocho (epheboi), y dieciocho o más (neoi). La escuela elemental había cambiado poco, pero la educación secundaria ofrecía ahora una amplia gama de posibilidades y en el tercer nivel se establecieron altos grados educativos, especialmente en Alejandría, Atenas, Pérgamo y Rodas. Se respetaba a los maestros pero todavía no se les pagaba mucho, excepto a los más encumbrados. En Roma, el padre era el encargado tradicionalmente de educar a su hijo desde los siete a los dieciséis años cuando pasaba a enseñarle un abogado (Advocatus) y seguidamente se le enviaba al servicio militar. Pero había escuelas desde el siglo III a.C. (Ver, Carvilio) y el modelo helenístico de escolarización primaria y secundaria para muchachos de ambos sexos se introdujo gradualmente, aunque poniendo mucho menos énfasis en la educación física. En el tercer nivel, el estudio de la retórica griega, establecido en Roma en el siglo II a.C. se vio complementado en el siglo siguiente por el de la retórica latina, y la mayor distinción era haber "estudiado en ambas lenguas". Para la retórica la mejor escuela estaba en Atenas, y siempre había demanda de profesores griegos en Roma; pero en lo que se refiere al estudio de las leyes la supremacía de Roma no tenía rivales. El crecimiento de las oportunidades educativas precisaba cierto grado de control y apoyo estatal, y los emperadores se implicaron personalmente dotando cátedras y creando escuelas municipales. Los métodos desarrollados en Grecia se sistematizaron en Roma y las siete artes liberales identificadas por Marciano Capela, pero basadas en el quadrivium de Platón (aritmética, astronomía, geometría y música) y el trivium de Isócrates (gramática, retórica y dialéctica) contituyeron el curriculum de la educación medieval. Ver, Esparta.
 
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