Épica griega
La poesía épica es un relato largo en verso que celebra las hazañas heroicas de personajes míticos o históricos que con frecuencia florece en sociedades sin escritura. Hacia la época de Homero, cuando por primera vez se puso por escrito la literatura griega, ya existía de hecho desde hacía mucho tiempo. Aparte de Homero sólo tenemos fragmentos de otras épicas arcaicas (Ver, Poetas Cíclicos) que rellenaban los huecos del relato principal, y si hubiesen rellenado más, más habría sobrevivido; en cualquier caso, nunca pusieron en cuestión la supremacía que logró Homero y que mantuvo a lo largo de la antigüedad. Desde un punto de vista práctico poesía épica griega de época arcaica quiere decir Homero. Los orígenes de la épica son oscuros, pero probablemente se encuentran en himnos dedicados a los dioses que se cantaban en fiestas religiosas tales como los concursos délficos arcaicos recordados por Pausanias. Se menciona a los legendarios Orfeo y Museo como poetas en este contexto, así como a Homero y a Hesíodo. Los bardos eran cantores errantes que cantaban con el acompañamiento de una lira, tal como hacía el ciego Demodoco cuando cantaba la Guerra de Troya en la Odisea. La forma era el verso hexámetro. Cada representación era una mezcla artísticamente engarzada de temas de repertorio e improvisación. Las personas con estos talentos eran raras y ocupaban un lugar de honor en la sociedad. La épica oral murió con la introducción de la escritura, pero el género continuó su existencia, a pesar de la mayor popularidad de la poesía lírica. Algunos poetas contaban las mismas viejas historias, otros usaban la épica como un vehículo para nuevas ideas sobre la religión, otros encontraron nuevos temas en la historia más reciente. Ninguno de ellos tuvo mucho éxito y no se conserva la obra de ninguno. La épica disfrutó de renacimientos en el siglo III a.C. en Alejandría, como atestiguan las Argonáuticas de Apolonio Rorio, escritas para un lector sofisticado, y en los siglos IV y V con los poemas de Quinto y de Nono.

