Epistolografía griega
Se puede distinguir entre varias categorías, las cartas conservadas desde la antigüedad. Un gran número de cartas privadas se conservan en papiros, proporcionando testimonios importantes acerca de la situación del idioma griego y sobre las condiciones sociales y económicas que imperaban en Egipto. Se conserva parte de la correspondencia oficial entre gobiernos, especialmente la de los reyes helenísticos. Las cartas se utilizaban como vehículo para la expresión de ideas nuevas en los ámbitos de la religión, la filosofía y la ciencia, por ejemplo se pueden citar las de Arquímedes, Epicuro, Eratóstenes y Pablo. En el siglo II, Alcifrón, Eliano y Filóstrato desarrollaron un género epistolar de ficción histórica con el fin de entretener a sus lectores. Posteriormente, en el siglo IV, emergió un grupo de epistológrafos que escribió cartas destinadas a su publicación: Basilio el Grande, Gregorio de Nacianzo, Juan Crisóstomo, Juliano, Libanio y Sinesio. Por último están los grupos de cartas atribuidas a varias figuras públicas tales como Demóstenes, Isócrates y Platón. Pero sólo una pequeña parte de éstas tienen alguna autenticidad y contienen material de interés considerable, considerándose falsas en su mayor parte. Hacia el siglo I a.C. había un gran número de cartas atribuidas a Alejandro Magno que, como las de Falaris, contribuyeron más a la fantasía que a la historia.

