Epistolografía latina
El arte de escribir cartas personales, cuya necesidad creció con la expansión del Imperio, fue una de las principales realizaciones literarias de Roma. El testimonio más importante del género lo proporciona, con gran diferencia, la correspondencia de Cicerón, que incluye cerca de 800 cartas escritas por él entre los años 68 y 43 a.C. y más de 100 que otros le dirigieron. Escribió tanto con su propia mano, con pluma y tinta sobre papiro, o mediante el dictado a su secretario Tiro, que generalmente conservaba una copia. Estas copias, junto con las dirigidas a Ático y a su hermano Quinto Cicerón, forman el núcleo del conjunto conservado. Proporcionan una visión única sobre la personalidad del escritor y el entorno político de su época. Las epístolas en verso de Horacio y Ovidio son más importantes como poemas que como cartas; y las Epistolae Morales del joven Séneca pertenecen a la tradición de las cartas filosóficas de Epicuro. Se conserva información vital sobre la historia social y política de Roma en tiempos de Trajano en la correspondencia del joven Plinio (10 libros). Las cartas de Frontón a Marco Aurelio no tienen ese carácter, aunque sí algún interés literario. Entre los destacados autores de cartas del Bajo Imperio se encuentran Ambrosio, Agustín, Ausonio, Jerónimo, Paulino, Sidonio, Apolinar y Símaco. Ver, Correos.

