Aecio
Flavio (Flavius Aecius) (ca.390-454). Nacido en Durostorum, Mesia inferior, en la actual Bulgaria. Era hijo del "magister militum" Flavio Gaudencio y de la itálica Auraelia. Parte de su juventud lo pasó como rehén de Alarico I, y más tarde del líder de los hunos de Occidente, Rugila, lo que le permitió conocer el modo de pensar y luchar de los hunos. Precedido por jefes militares mediocres y efímeros, Aecio destaca en su cargo por ser capaz de poner orden en un caótico imperio de Occidente que se tambalea. Sirve como magister equitum en las Galias durante la jefatura militar de Felix, hasta que en el 433 alcanza la magistratura de magister militum. A partir de aquí, se convierte en la persona más relevante del Imperio de Occidente, y aprovechando la extremada juventud de Valentiniano III, se hace con el gobierno. Durante veintiún años (433-454) fue dueño del Imperio. Protege Italia y detiene la expansión de los bárbaros: frena a los visigodos en la Galia y arrincona a los burgundios en Bayoya. Otras decisiones son mal recibidas, pero inevitables, como el reconocimiento del asentamiento vándalo en el norte de África. Pero su campaña más notable, la que le valdrá para la historia el sobrenombre de "el último romano", será la que dirigirá contra los hunos. Sintiéndose insultado su caudillo Atila por el emperador Valentiniano III ante el rechazo de la petición de mano de su hermana Honoria, se lanza a destruir Roma. Para ello convoca una gran confederación de tribus escitas, sármatas, gépidas ostrogodas, que se unen a los hunos en su marcha. Pero Aecio dirigiendo magistralmente, a francos, alanos, visigodos, y las tropas romanas que quedan, logra una gran victoria en los Campos Cataláunicos en el año 451: es la última gran batalla del Imperio de Occidente. En ésta batalla cayó el poderoso rey visigodo Teodorico, vital aliado de Aecio. Éste, temiendo un peligroso incremento del poder visigodo, alentó a Turismundo, hijo de Teodorico, a acudir a Tolosa para asegurarse la sucesión. La marcha del importante contingente visigodo impidió a Aecio exterminar a los invasores permitiendo a Atila la retirada con los restos de su ejército. El rey huno, pues, podrá reorganizar sus tropas e invadir la península itálica al año siguiente (452) ante la total impotencia de Aecio. Llegado ante las murallas de Roma, se cuenta que Atila no tomó la ciudad gracias a la intervención del Papa León I. Para desgracia de Aecio, su popularidad le valdrá el recelo del emperador, que, abrigando sospechas de una hipotética pretensión al trono, hizo que lo llamaran a palacio, y después de una intensa discusión, él mismo asesinó por sorpresa a Aecio. Al año siguiente, dos antiguos oficiales de Aecio asesinaron al emperador durante un desfile militar, seguramente a instancias del influyente y rico senador romano Petronio Máximo, que aspiraba al trono. Ver, Máximo.

