Erudición latina

El estudio de la gramática y de la poesía se introdujo en Roma con la visita del erudito griego Crates de Malos el año 168 a.C.. Quintiliano menciona a algunos de los primeros gramáticos y existen testimonios de cierto interés por los asuntos literarios en la poesía de Acio y de Lucilio. Pero el primer romano que merece el título de erudito es Elio Estilón, Lucio (ca.150-ca.75 a.C.), que probablemente absorbió los rudimentos de la erudición alejandrina durante su exilio en Rodas el año 100 a.C.. Entre sus intereses estaba la autenticidad de las obras de Plauto. Su discípulo más influyente fue el sabio M. Terencio Varrón (116-27 a.C.), cuyas investigaciones sobre historia literaria, drama y lingüística proporcionaron un modelo para las generaciones posteriores de críticos y estudiosos. La actividad erudita durante el Imperio fue estimulada todavía más por la fundación de la Biblioteca Palatina, cuyo primer director fue Higinio. Comenzando el siglo I, Verrio Flaco compuso el primer léxico latino, De Significatu Verborum, que se conserva en parte en una versión abreviada. Quintiliano prosiguió los estudios gramaticales y Séneca el viejo, Petronio y Persio hicieron contribuciones a la crítica literaria. Hacia el final del siglo I se dice de M. Valerio Probo que produjo ediciones críticas de cierto número de textos poéticos, pero no existen testimonios fiables de su trabajo en las tradiciones manuscritas. La decadencia de la escritura creativa en el siglo II se vio complementada por el incremento del interés anticuario sobre los escritores antiguos que se hace evidente en los trabajos de Frontón, Gelio y Apuleyo. Los siglos III y IV contemplan la publicación de varios importantes comentarios, especialmente los de Acrón y Porfirión sobre Horacio, de Donato sobre Terencio y Virgilio y los de Servio también sobre Virgilio.
 
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