Escultura griega

Nuestro conocimiento de la escultura griega deriva de los trabajos originales, que se conservan en apreciables cantidades, de las copias romanas, de las descripciones en la literatura, especialmente en Plinio el Viejo y Pausanias, y de las inscripciones, especialmente las bases de estatuas y las dedicatorias. La mayor parte tenían que ver con la religión o conmemoraciones. Las imágenes de culto se necesitaban para las cellas de los templos o los santuarios y escenas religiosas o mitológicas en relieve para la decoración de los templos. Las victorias atléticas y militares tenían que celebrarse, los muertos tenían que ser recordados y desde el siglo V a.C. se ordenó esculpir los retratos de las figuras públicas. Los materiales empleados normalmente eran la piedra (mármol o caliza), bronce, madera, terracota y para las estatuas crisoelefantinas una combinación de oro y marfil. Las esculturas de piedra generalmente estaban pintadas y con frecuencia se añadían accesorios (como los ojos, joyas, armas, riendas) hechos con otros materiales. La producción de esculturas monumentales de piedra en Grecia en el Período Arcaico, parece haber comenzado hacia la mitad del siglo VII. El contacto de los griegos con el este se incrementó después de la conquista de Egipto por Asiria el año 672 a.C. y la influencia egipcia es evidente en la estatuaria. Un tema favorito era el kouros u hombre joven desnudo de pie, de tamaño natural o mayor, en una posición erguida con los puños cerrados y el pie izquierdo ligeramente adelantado. La equivalente femenina (koré) estaba vestida con una vestimenta apretada. También se representaban figuras sentadas y caminando ambas siguiendo de cerca los modelos egipcios. Pero la tendencia al realismo en el retrato de la anatomía humana se hizo cada vez más pronunciado de tal modo que hacia el siglo V la escultura había perdido buena parte de su sabor oriental. La escultura arquitectónica siguió una progresión similar y ofrecía el marco para una composición más ambiciosa. Episodios mitológicos como la historia de los argonautas, el juicio de Paris y batallas entre dioses y gigantes, eran los temas favoritos de un friso narrativo que podía extenderse en torno a un edificio. Las acróteras generalmente adoptaban la forma de animales fabulosos como esfinges, grifos o gorgonas. Las tumbas estaban señaladas por una piedra esculpida a veces coronada por una esfinge, si bien con posterioridad una simple palma reemplazó a la esfinge. Al comienzo del Período Clásico la figura masculina erguida había evolucionado hacia una postura más realista en trabajos como el auriga de bronce de Delfos y el bronce que representa a Poseidón (o Zeus) caminando en Atenas. La cima de este desarrollo hacia la armonía anatómica está representada en el trabajo de Policleto, quien, como Mirón, apreciaba las posturas atléticas. Pero el escultor más famoso del siglo V y quizá de toda la antigüedad fue Fidias, a quien Pericles encargó la supervisión de todos los trabajos de la Acrópolis ateniense. Sus estatuas crisoelefantinas de Atenea para el Partenón y de Zeus para Olimpia se han perdido, pero las esculturas del Partenón conservadas atestiguan la calidad de su genio. Un trabajo de calidad similar fue hecho en toda Grecia por discípulos y sucesores de Fidias tales como Agorácrito, Alcámenes y Peonio. La escultura en el siglo IV a.C. estuvo dominada por el trabajo de tres artistas: Praxíteles, Scopas y Lisipo. El primero está representado por un importante trabajo que se conserva, el Hermes de Olimpia, que atestigua los logros de la época, aunque alguno duda sobre su autenticidad. La relajada majestad del siglo V fue reemplazada por una humanidad más personálizada por medio de una intensidad de la expresión que se puede observar también en las lápidas funerarias áticas del siglo IV. Un realismo todavía mayor, algunas veces tendente a lo melodramático, caracteriza a la escultura del Periodo Helenístico. Vestidos en movimiento, cuerpos torcidos y expresiones de angustia en los relieves de Pérgamo del siglo II contrastan con la contención de las épocas anteriores. en la misma época las tendencias clasicistas de artistas como Eubulides y Policles, mantienen las tradiciones del siglo V vivas y fueron muy admirados por los patronos romanos. Los orígenes micénicos de la escultura griega son bien conocidos. Durante los "siglos oscuros", algunos marfiles, terracotas o pequeños bronces son los únicos testimonios de que las artes plásticas sobrevivían en el mundo helénico, A partir del siglo VII a.C., los testimonios se multiplican: estatuas y relieves "dedálicos", decoraciones en bronce de utensilios o armas, grandes vasos de terracota con relieves, estatuitas de terracota, mientras que reaparece la escultura monumental (templo A de Prinias en Creta). Los primeros nombres históricos de escultores se unen a la tradición de Dédalo (Dipoinos y Scilis). A finales del siglo VI, kuroi colosales de mármol muestran la virtuosidad de los escultores de las Cícladas o del Ática. En el siglo VI, la producción de los talleres de la Jonia, de las islas, del Peloponeso y del Ática es de una gran riqueza: decoraciones monumentales de la Acrópolis de Atenas, del templo de Artemisa en Corfú, métopas "siciónicas", después tesoro de Sifnos en Delfos, arquitrabe esculpido de Asos en Tróade, cornisa y columnas esculpidas de Éfeso, a lo que responden en Occidente los conjuntos de Selinunte y del Heraion del Silaris (cerca de Pestum). A manera de ofrenda, han erigido kuroi y korés en todos los santuarios (series de Atenas, de Delos, de Samos, de Delfos, del Ptoion en Beocia). Los pequeños bronces y las terracotas votivas hormiguean. Textos y sobre todo inscripciones (firmas de artistas) nos dan a conocer un gran número de nombres de escultores: desgraciadamente la correspondencia se establece raramente entre un nombre y una obra conservada. Tectaios y Angelión (Apolo de Delos), Baticles de Magnesia (trono y Apolo de Amiclea, cerca de Esparta), Teodoros de Samos, después, a finales de siglo Canacos de Sicione, Endoios y Antenor, en Atenas, son los artistas más conocidos. Hacia 500, el Tesoro de los atenienses en Delfos, y el monumento de las Harpías en Xantos en Licia, después los frontones del templo de Afaia en Egina representan los últimos conjuntos decorativos del arcaismo. Con el "estilo severo", después de Maratón, la escultura griega alcanza su primera madurez, desde antes de Fidias, entre 490 y 450, aproximadamente. Hageladas de Argos, Onatas de Egina, Calamis, Critios de Atenas, Pitágoras de Regio, después Mirón de Eeuteras crean obras maestras que en gran parte nos escapan. Admirables obras anónimas nos permiten imaginárnoslas: el Auriga de Delfos, el Poseidón de Histiea, el Efebo rubio o el Efebo llamado de Critios. Un conjunto monumental como los frontones y las metopas del templo de Zeus en Olimpia (debidas sin duda a Peonios de Mendé) ha conservado toda su amplitud. Desde este momento la historia de la escultura griega puede seguir la de los escultores, aunque no siempre sea fácil hacerlas coincidir. Fidias y Policleto señalan el apogeo del primer clasicismo con Alcameno, Agorácrito, Cresilas, émulos o discípulos de Fidias. Mientras los santuarios se pueblan de ofrendas y las necrópolis de estelas funerarias, la noble gravedad del estilo de Fidias y la perfección concertada de Policleto se imponen en todos los talleres. Pero se manifiestan nuevas tendencias: manierismo del ateniense Calímacos, dulzura amable de su compatriota Cefisodoto... En el siglo IV, géneros nuevos se expansionan como el retrato, poco practicado antes, en el que se ilustra Silanion, el retratista de Platón. Sobre todo grandes maestros imponen su sensibilidad y su visión plástica a toda la época ulterior: Scopas, que sabe traducir la inquietud o la languidez; Praxíteles, que expresa el abandono y la voluptuosidad tranquila; Lisipo, en fin, maestro poderoso y multiforme que pertenece ya a la época helenística. Otros artistas han dejado nombres casi tan famosos: Leocares, Brixias, Timoteos, colaboradores de Scopas en el Mausoleo de Halicarnaso. No se puede tampoco olvidar el artesanado de los pequeños bronces y de las terracotas: estas últimas han heeho célebre la población beocia de Tanagra. Los escultores griegos han trabajado la madera (para la técnica crisoelefantina), la terracota (se han descubierto grandes estatuas de terracota en Olimpia y en Pestum), el bronce, la piedra calcárea y el mármol. Este último material, que el suelo griego proporcionaba en abundancia, permitió la ejecución de grandes decoraciones esculpidas arquitecturales, estelas votivas y funerarias y también, conjuntamente con el bronce, estatuas innumerables. Se guardará siempre en el espíritu que en la escultura griega la policromía es la regla: todas las estatuas de mármol estaban pintadas. Tal como aparecen hoy día, blancas y desnudas, habrían parecido tristes y sin vida a los grandes artistas de otros tiempos. Ver, Antenor, Antígono de Caristo, Cares de Lindos, Crésilas, Damofón, Endoios, Eufranor, Leocares, Silanión, Timoteo, Escuela de Escultura de Afrodisias, Escultores, Escultura griega, Escultura romana.
 
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