Escultura romana

Los primeros escultores que trabajaron en Roma fueron etruscos. Su gusto por trabajar el bronce, por vestir sus estatuas y por esculpir estatuas de figuras públicas fue compartido por los romanos. Pero desde el siglo II a.C. los artistas griegos acudieron a Roma, en donde ricos patronos les encargaron la copia de originales griegos pues estaban obsesionados por el deseo de exhibir los logros externos de una cultura helénica. Como resultado, la iconografía religiosa griega se adoptó íntegramente en Roma y la escultura nunca fue globalmente más allá de la adaptación de modelos griegos. Sin embargo, la escultura arquitectónica se desarrolló de la forma griega del relieve conmemorativo, siguiendo una moda propiamente romana. Los escultores romanos sustituyeron la temática mitológica de sus predecesores griegos con la representación de acontecimientos históricos. Éstos aparecieron por primera vez en la base de la estatua de Emilio Paulo levantada en Delfos, en la que se muestran episodios de la batalla de Pidna, el tema siguió vigente a lo largo de la historia de Roma y se puede observar en monumentos como el Ara Pacis, las columnas de Trajano y de Marco Aurelio, y en todos los arcos de triunfo de la capital y el Imperio. La otra forma en que los escultores romanos, o más bien escultores griegos trabajando al servicio de romanos, lograron diferenciarse fue en el retrato individual. Sus rasgos más característicos eran un extremado realismo combinado con un curioso énfasis en los detalles menos atractivos del modelo. En tiempo de Augusto hubo un regreso a retratos más idealizados, pero el realismo reapareció con los Flavios y de nuevo en el siglo III. Ver, Escultores, Escultura griega, Escultura romana.
 
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