Baños
Todas las cuestiones relacionadas con los baños constituyeron uno de los rasgos más característicos de la sociedad y de la arquitectura romanas. El primer ejemplo conocido se construyó en Pompeya a comienzos del siglo I a.C. y no hubo en Roma hasta alrededor del año 20 a.C.. Pero en el período imperial la moda de los baños se difundió rápidamente a través de las provincias hasta el punto de que no había ninguna comunidad que no tuviese al menos unos baños; además, la mayor parte de las residencias privadas tenían sus propios medios para el baño a escala doméstica. Variaban considerablemente en tamaño y planta, pero los elementos esenciales de los baños eran una sala caliente (caldarium), una sala templada (tepidarium) y una sala fría (frigidarium). Añadidos que aparecen con frecuencia eran una habitación para cambiarse (apodyterium), un área para el ejercicio físico (palaestra) y una piscina destinada a la natación (natatio). Otros elementos podían ser los jardines, salas de reuniones, bibliotecas y teatros para conferencias. Estructuralmente el desarrollo de los baños fue posible por la disponibilidad de argamasas consistentes y del arco de medio punto. Desde el punto de vista arquitectónico la planta, ejemplificada por los baños de Trajano, Caracala y Diocleciano en Roma, era en general simétrica, austera desde el exterior pero adornados en el interior. Desde el punto de vista cultural los baños proporcionaban un centro de ocio del que disfrutaban ampliamente todas las clases de la sociedad. Su puesta a punto ofrecía a los ricos continuas oportunidades para la munificencia pública. En las provincias orientales ocuparon el papel del Gimnasio helenístico. Ver, Termas.

