Barcos

La arqueología submarina y la reconstrucción de antiguos navíos han hecho contribuciones importantes al entendimiento de los barcos y la construcción naval de la antigüedad. Tanto los barcos de guerra como los de mercancías estaban ocupados con remos y velas, pero cuando una trirreme estaba lista para la batalla abandonaba su aparejo y los remeros ocupaban un espacio que un barco mercante se utilizaba con más provecho para las mercancías. Los barcos de guerra se construían buscando la rapidez y maniobrabilidad puesto que aparte de espolonear a sus oponentes su capacidad ofensiva era limitada. Los primeros barcos de guerra griegos estaban impulsados por una fila de remeros. Para mantener su supremacía naval Atenas desarrolló la trirreme, un navío de grandes prestaciones con un total de 170 remeros colocados en tres bancos a cada lado. En el período helenístico el número de barcos se incrementó a cuatro (cuatrirreme) y cinco (quinquerreme) o más. Los romanos utilizaron las quinquerremes con cierto éxito contra los cartagineses, pero preferían utilizar barcos más pesados como plataformas de abordaje. Los barcos mercantes se diseñaban para navegar con más lentitud en viajes más largos con peor tiempo y cargamentos más pesados. Se impulsaban con velas y por lo tanto dependían de las condiciones del viento, pero en circunstancias normales podían navegar a una velocidad entre tres y cuatro nudos. En la época helenística los barcos de 150 toneladas eran comunes y llegar a las 500 no era raro. Los barcos de carga romanos con frecuencia tenían dos o tres mástiles. Ver, Préstamo marítimo, Neosoikos, Embarcaciones.
 
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