Tiempo

Medición del. En los tiempos griegos y romanos el día iba desde la salida del sol hasta su puesta, y cualquiera que fuese su duración se dividía en doce "horas" iguales. La hora se sabía mediante el reloj de sol inventado por Anaximandro siguiendo un modelo babilonio, o mediante un reloj de agua (clepsydra), que permitía que el agua gotease en una cisterna en la que había un flotador que actuaba como puntero. Ningún método era especialmente preciso. El año ateniense comenzaba con la primera luna nueva tras el solsticio de verano. Estaba dividido en doce meses lunares, cada uno de veintinueve o treinta días, cuyos nombres (y equivalentes modernos aproximados) estaban todos ellos asociados con fiestas y eran: Hecatombeón (julio), Metagitnión (agosto), Boedromión (septiembre), Pianepsión (octubre), Memacterión (noviembre), Posideón (diciembre), Gamelión (enero), Antesterión (febrero), Elafebolión (marzo), Muniquión (abril), Targelión (mayo), Eskiroforión (junio). A intervalos irregulares, normalmente cada dos o tres años, se intercalaba un mes adicional para coordinar este calendario lunar con el año solar. Los meses no se dividían en semanas, sino en décadas de diez días cada una. Los primeros diez "crecientes", los diez últimos "menguantes", los diez del medio sin especificar. Con fines de datación el año ateniense recibía el nombre del arconte principal, en Esparta el del primer éforo. Las sesiones de la boulé se regían de acuerdo con el calendario "pritánico", que dividía el año en diez "meses" de treinta y seis o treinta y siete días cada uno. Esto correspondía más o menos exactamente con el año solar y era el sistema seguido normalmente en las inscripciones hasta el fin del siglo V a.C.. Desde entonces los dos calendarios comenzaron el mismo día. El año romano consistía originalmente en sólo diez meses y omitía los meses "muertos" de enero y febrero. Numa Pompilio los añadió, pero marzo siguió siendo el comienzo del año hasta el año 163 a.C.. Marzo, mayo, julio y octubre tenían cada uno treinta y un días, febrero veintiocho y el resto veintinueve cada uno, dando un total de 355 días. Un "mes" adicional de veintidós o veintitrés días se intercalaba entre el 23 y el 24 de febrero, pero esto provocaba tales confusiones que en el año 46 a.C., Julio César llevó a cabo una reforma. Adaptó el calendario solar egipcio, introdujo los meses que todavía están en uso en la actualidad, y repitió el 23 de febrero los años bisiestos. El calendario juliano permaneció vigente hasta el año 1.582, cuando fue modificado por el papa Gregorio XIII. Ciertos días del calendario se marcaban con una F (= dies fasti) , otros con una N (= dies nefasti), indicando que los asuntos públicos se podían tratar o no. Los días del mes se calculaban en relación con las Kalendas (día 1), Nonas (día 9) o Idus (día 13), con la excepción de que en los meses de marzo, mayo, julio y octubre las Nonas caían el día 7 y los Idus el 15. La cosa más cercana a la semana era el intervalo de ocho días entre los días de mercado (nundinae), pero esto no tenía relación con el mes. Los años se designaban por el nombre de los cónsules en activo junto con el año de reinado del emperador, durante el Imperio. El punto de partida para fechar los acontecimientos era la fundación de la ciudad (ab urbe condita = AUC), que hacia el final de la época republicana se identificaba con el año 753 a.C.. Ver, Astronomía, Calipo, Eratóstenes, Metón
 
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