Bibliotecas

Se puede inferir de las pullas de Aristófanes, que individuos particulares del siglo V a.C., como Eurípides, tenían colecciones de libros, pero la primera colección institucional fue obra de Aristóteles para su escuela, el Liceo. Es evidente que este fue el modelo para la famosa biblioteca fundada por Ptolomeo I Sóter en Alejandría hacia el año 295 a.C. en asociación con el Museo. La biblioteca se puso a funcionar durante el reinado de Ptolomeo II, que quería poseer una colección completa de toda la literatura griega. Se dice que contenía entre 200.000 y 500.000 volúmenes. Sus bibliotecarios (Zenódoto, Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Aristarco) figuraban entre los estudiosos más prominentes de su época. Se produjeron catálogos bajo la dirección de Calímaco. En el siglo II a.C., Eumenes II Sóter fundó otra biblioteca en Pérgamo. Se dice que albergaba 200.000 volúmenes, pero se sabe mucho menos de las actividades de sus bibliotecarios. Bibliotecas especializadas se originaron en tomo a escuelas de medicina, sinagogas e iglesias. En Roma había grandes bibliotecas privadas en la República tardía, por ejemplo las de Lúculo, Ático y Cicerón. César fue el primero que planeó una biblioteca pública y se invitó a Varrón a que estableciese una colección, pero el asunto quedó en nada. El plan se vio realizado en el 39 a.C. por obra de C. Asinio Polión. Augusto fundó otras dos bibliotecas y emperadores posteriores construyeron más hasta que se dice que llegó a haber 26 en Roma. Otras se fundaron en las provincias y Adriano construyó una en Atenas. La posesión de una biblioteca privada se convirtió en la señal de identidad de una casa civilizada y los restos de una de ellas se han encontrado en Herculano.
 
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