Dedálico
Denominación que daban los griegos a las estatuas más antiguas por atribuirlas a la mano del mítico escultor ateniense Dédalo, a quien se achacaba entre otras obras ingeniosas el célebre laberinto cretense de Minos. La mayoría de las antiguas efigies de madera objeto de culto existentes en los santuarios griegos se atribuían a Dédalo, considerado por tradición un protos heuretés o primer inventor de toda clase de herramientas y técnicas. Dédalo personificaba además la necesidad griega de vincular los descubrimientos e invenciones con una personalidad "histórica" concreta. Su figura, adoptada y promocionada por Atenas en el siglo V a.C., explicaba también la forma en la que los artistas clásicos eran percibidos dentro de su contradictorio estatus como inventores y al tiempo trabajadores manuales que no merecían, por tanto, el respeto y la consideración debidos, pero que eran, sin embargo, objeto de una cierta veneración.

