Jarra de agua

Corresponde al signo jeroglífico "heset". El agua fue un símbolo de vida, reanimación y limpieza, y por ello se utilizaba en el culto funerario y de los templos en dos sentidos: como ofrenda y para la purificación. Dejando al margen las pequeñas jarras para las ofrendas de agua, leche o vino, los recipientes de las libaciones rituales tenían una forma específica, que reflejan los jeroglíficos. Este tipo de recipiente consistía en un jarro largo y estrecho con la base normalmente menos ancha que la parte superior, y cuando no se utilizaba podía colocarse en un soporte con forma de aro o en una especie de perchero expresamente diseñado. Estas vasijas se elaboraban generalmente con metales preciosos, y podían presentar variaciones respecto de la forma básica, desde la imitación del signo anj (expresando el principio de la vida y la reanimación), a la adición de un pitorro, una tapa con forma de cabeza de animal u otros ornamentos menores. Se han hallado en varias tumbas modelos funerarios de recipientes para las libaciones -como por ejemplo las vasijas para agua, de fayenza, encontradas en la tumba de Tutanjamón- usualmente en materiales menos costosos, y a veces incluso macizos, pues se consideraba que su significado y propósito eran suficientes para que funcionaran mágicamente. En la escritura jeroglífica, en palabras como kebeh, "purificar" o "presentar libaciones", y también en las representaciones halladas en tumbas y templos, la jarra de agua aparece a menudo con una línea sinuosa simbolizando el agua que sale por el cuello. Esto se puede observar en un relieve del templo de Seti I, en Abydos, donde éste ofrece incienso, y derrama una libación de agua ante el dios Amón-Ra, entronizado. La inscripción que se encuentra sobre el rey confirma que se trata de una ofrenda de incienso y una libación, esta última representada por la jarra de agua colocada en su soporte. El jarro también aparece inscrito con frecuencia, junto a otras ofrendas de alimentos, en las superficies de altares o tablas de ofrenda, como en la tabla de ofrendas de Harsiese, de Ajmim, del Período Ptolemaico, actualmente en el Museo Británico, una muestra especialmente clara de esta práctica. En ella dos grandes jarros de agua flanquean ofrendas de alimentos en el centro del registro superior. De estas piezas salen finas líneas de agua que se unen en una corriente que continúa por el saliente de la tabla. A los lados del mismo registro se pueden observar figuras de fecundidad o "del Nilo", que presentan bandejas con jarras de agua, mientras que en las esquinas del registro inferior Harsiese y su pájaro ba o alma reciben libaciones de agua fresca de una divinidad personificada en un árbol, que representa probablemente a Nut o Hathor. El agua -y, por lo tanto, la jarra de agua- podía simbolizar al dios Osiris, de igual manera que la tierra representaba a su esposa Isis, una polaridad que encontraba su expresión simbólica en la inundación del Nilo y, en consecuencia, en la fértil unión del agua y la tierra. Por otra parte, los signos podían invertirse y en la fiesta anual de Osiris encabezaba la procesión la figura de un falo que representaba al dios y una jarra de agua que simbolizaba a su esposa. Lejos de ser toscos símbolos de la reproducción, estos elementos eran también la manifestación de una profunda imaginería cosmogónica. Ver, Recipientes.
 
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