Epicteto
(ca.50-ca.135). Filósofo estoico griego. Nacido en Hierápolis (Frigia). Fue esclavo de Epafrodito, liberto y favorito de Nerón, que le hizo sufrir todo género de malos tratos, que soportó el filósofo con una paciencia que ha llegado a ser proverbial. Discípulo de Musonio Rufo, se vio obligado a abandonar Roma, hacia el año 92, cuando Domiciano decretó la expulsión de los filósofos. Entonces se refugió en Nicópolis (Epiro), donde tuvo una escuela hasta su muerte. Algunos aseguran que volvió a Roma y que gozó de la estimación de Adriano y de Marco Aurelio, pero no está probado. Sus enseñanzas nos han sido transmitidas por su discípulo Flavio Arriano, quien las recogió en las Disertaciones o Diatribas (ocho libros, cuatro de los cuales han llegado hasta nosotros), y en la selección Pensamientos, conocida como Manual de Epicteto. La doctrina de Epicteto une al rigor de la moral cínica la teoría estoica del "logos" divino que gobierna el mundo según un plan racional. El tema central de Epicteto reside en la distinción que hace entre lo que depende exclusivamente de nosotros, y que constituye nuestro yo y lo que está fuera de nosotros y que constituye el mundo. De una parte, la razón, de otra, las cosas. Este es el tema del libro de las Disertaciones. El Manual desarrolla el concepto de libertad que adquiere el hombre cuando por medio de la razón logra ubicarse más allá de cualquier engaño, de cualquier complacencia, de cualquier dolor, de cualquier sentimiento y de la misma vida. Así se entiende el valor de la célebre fórmula estoica "sustine et abstine" ("soporta con dolor y abstente de los bienes aparentes"). El elevado tono de su moral hizo nacer la leyenda de su conversión secreta al cristianismo. De hecho, el Manual gozó de gran estima entre los místicos y ascetas cristianos. Este resumen fue muy popular y llegó a ejercer influencia sobre el emperador Marco Aurelio. La filosofía de Epicteto se diferenciaba del estoicismo primitivo en que a la dureza y frialdad de este sustituía el amor a la familia, a la patria, a la humanidad, y si bien, como la antigua doctrina del Pórtico, prescribía el desprecio de la vida, de sus goces y de sus dolores, admitía los efectos tiernos que hacen al hombre sensible, sociable, bondadoso y amigo de los demás. La visión de Epicteto era muy práctica y simple: se dirigía al hombre corriente mucho más de lo que lo habían hecho sus predecesores estoicos. Sostenía que el hombre no debe permitir que le hagan infeliz las cosas que están fuera de su alcance y que ha de buscar la libertad y la felicidad dentro de los límites de su propia voluntad. Afirmaba que todos los hombres son hermanos y que los malhechores necesitan más compasión que castigo. Enseñaba que el universo fue creado por Dios y que la Providencia nunca podría conducirnos por mal camino.

