Epicureísmo

Sistema filosófico de Epicuro. Enseñaba que el placer es el fin supremo del hombre, pero no el placer sensual sino el cultivo del espíritu y la práctica de la virtud. Para el epicúreo, lo mejor es mantenerse alejado de las inquietudes de la vida; el bien es el placer, el mal es dolor: gozar el primero y huir del segundo, pero gozar con moderación para que se pueda gozar más tiempo y mejor. El principal deleite está en el espíritu, porque el de la carne, además de ser pasajero y limitado, siembra gérmenes de dolor que duran toda la vida. No considera como desgracia el no vivir; cuando la muerte llega no la sentimos porque ella es el fin de todo sentimiento. Excluye de su creencia la inmortalidad del alma y una futura retribución, debido a las inquietudes que con esto se presentan y que pudieran turbar la felicidad, pero mantiene la creencia en los dioses inmortales que no manifiestan providencia para los humanos ni son espirituales sino seres reducidos a materia y movimiento. La filosofía de Epicuro tuvo gran número de partidarios, sobre todo en Roma. El representante más famoso y brillante de la escuela epicúrea fue el poeta romano Lucrecio. Muchos de los discípulos de Epicuro desnaturalizaron esta filosofía, sustituyeron los goces puros e intelectuales por la voluptuosidad más refinada y el lujo sensual.
 
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