Grecia
El paisaje griego destaca por su variedad. Montañas altas y estériles, algunas de ellas tal vez más pobladas de bosques en la antigüedad, están separadas por llanuras estrechas y fértiles. El mar realiza dentelladas profundas en una larga línea costera continental y rodea innumerables islas. Los ríos, que forman torrentes impetuosos en invierno pero con frecuencia se secan en verano, abren pasos a través de las tierras altas e irrigan los valles profundos. Ninguno es navegable. El clima también es variado: el invierno puede ser duro en las montaftas, pero el verano es largo y cálido, especialmente en el sur. Todos estos factores han influido sobre el desarrollo de la sociedad humana. Las montañas representan barreras a las comunicaciones y estimulan el crecimiento de comunidades pequeñas, en ocasiones agrupadas en pequeñas confederaciones, y muchas veces ferozmente orgullosas de su propia independencia: de esto deriva la emergencia de la ciudad-estado griega o polis. Pero sólo una quinta parte de la tierra se puede cultivar, de modo que una población creciente necesitaba o bien importar alimentos o buscar tierras disponibles a través del mar: éste es el motivo principal para el desarrollo del comercio y la colonización. Ningún lugar de Grecia está a más de 100 kilómetros del mar. Existen gran cantidad de puertos seguros. Las condiciones para navegar, especialmente en verano, son generalmente favorables pero ocasionalmente traicioneras: de ello deriva el amor y el temor que los griegos sentían hacia el mar. El clima también facilita un estilo de vida de puertas afuera. La mayor parte de los asuntos, tanto públicos como privados, sociales como religiosos, culturales como comerciales, se llevaban a cabo con toda naturalidad al aire libre, las consecuencias de esto se manifiestan sobre todo en la arquitectura y la planificación urbana. Ver, Espacio egeo, Población griega.

