Historiografía griega
Los comienzos de la escritura histórica griega, en las dos generaciones anteriores a Heródoto, se sitúan en tres áreas: genealogía, geografía e historia local. Los trabajos genealógicos de Hecateo de Mileto y de otros intentaba organizar el uso de mitologías locales en un único sistema coherente. Al parecer, Hecateo fue el pionero en la escritura geográfica y etnográfica con su Vuelta al Mundo. La historia local comienza con la historia de Carón de Lampsaco y el tratamiento de Janto sobre Lidia, y conocemos cierto número de otros historiadores locales que anteceden a Tucídides. Estos autores eran aparentemente muy localistas, se centraban en las fundaciones, orígenes e historia arcaica y dedicaban escasa atención a la historia más reciente, aparte de algunas referencias a las Guerras Médicas. Un desarrollo posterior, contemporáneo con Heródoto, fue el desarrollo de la cronografía. Los trabajos cronológicos de Helánico y de Hipias de Elis, entre otros, hicieron posible la relativamente precisa datación de los acontecimientos, especialmente en diferentes partes de Grecia. Las innovaciones de Heródoto y Tucídides no reemplazan esos tipos de historia. La historia local siguió floreciendo, en particular la Atthis de Helánico es la primera de una serie que se extienden a lo largo del siglo IV a.C., mientras que Sicilia produce sus propios historiadores, especialmente Filisto y Timeo. Del mismo modo, la tradición de narraciones sobre regiones o pueblos, especialmente fuera del mundo griego, siguió vigente, y las conquistas de Alejandro inspiraron una serie de trabajos con una orientación geográfica y etnográfica que reflejan la influencia de Heródoto. Heródoto refleja las preocupaciones de sus predecesores, pero va más lejos, al centrarse en un acontecimiento de importancia universal en el pasado reciente y colocando juntas diversas tradiciones locales en un relato coherente, incluyendo discursos, estableció un poderoso precedente. La concentración de Tucídides en la esfera militar y política tuvo una influencia semejante y su metodología escrupulosa estableció un nuevo modelo a seguir raramente alcanzado en la práctica. Su concepto de la utilidad de la historia, sin embargo, atrajo a menos seguidores; es más, en el siglo IV la historia pasó a considerarse como un repertorio de ejemplos prácticos o lecciones de moral, visión que ya resulta evidente en las Helénicas de Jenofonte y en trabajos para históricos como el Hierón y la Ciropedia. Estas historias posteriormente tendieron a producirse de forma más esporádica. Por el contrario, Éforo intentó abordar una historia universal de Grecia y sus vecinos hasta su propia época. Las Filípicas de Teopompo, trabajo también famoso por sus propuestas morales, fue el ejemplo más antiguo de un nuevo subgénero, la historia biográfica, en el que un individuo dominante se sitúa en el centro del relato y del cual los historiadores de Alejandro, desde Calístenes en adelante, son los exponentes más obvios. A comienzos del período helenístico Duris y Filarco ampliaron el deseo de un relato vívido en busca de un impacto emocional. Polibio, el último de los grandes historiadores griegos, reaccionó contra esto con la polémica característica de los historiadores griegos al discutir a sus predecesores: deliberadamente no sensacionalista, su historia universal "pragmática" (militar y política), dando cuenta del ascenso de Roma, combina análisis con objetivo didáctico y representa una vuelta a los más altos modelos intelectuales y metodológicos. Ver, Androción, Biografía griega, Calias de Siracusa, Clitarco, Fanodemo, Filócoro, Jerónimo de Cardia, Megástenes, Onesicrito.

