Anábasis

(La), es decir, "La expedición". Obra histórica de Jenofonte. Narra este libro la expedición militar realizada por Ciro el Joven contra su hermano Artajerjes II (401 a.C.) con el propósito de destronarlo y reinar él en su lugar. Relato fiel e interesante en la que el propio Jenofonte participó y dirigió la retirada de los Diez Mil. Esta aventura se inicia en Sardes, capital de la satrapía de Asia Menor que Ciro regía, en el año 401 a.C. y terminó trágicamente con la muerte de este príncipe en la batalla de Cunaxa. En ella los Diez Mil griegos enrolados el ejército de Ciro demostraron una vez mas su enorme superioridad sobre el ejército persa de la época. Confiados en ella, pudieron desatender la exhortaci¢n de Artajerjes a hacerle entrega de sus armas, una vez que la expedición no tenía ya objetivo, y decidieron permanecer unidos y emprender el regreso a su patria a pie y viviendo a expensas del terreno. Los persas consiguieron eliminar a traición a los principales capitanes de los griegos, creyendo que a falta de éstos los demás se rendirían, pero no consiguieron su propósito, pues los soldados eligieron nuevos jefes y con ello realizaron la famosa Retirada de los Diez Mil, que los llevó a través de Babilonia, de Media, de Armenia y de las provincias costeras del mar Negro hasta las colonias griegas primero y hasta su destino después. Uno de los jefes elegidos, el ateniense Jenofonte, reunió en el curso de la misma los datos que años mas tarde le permitirían componer un libro asombroso, la Anábasis. Un gran experto en la historia militar, el coronel americano Theodore A. Dodge enjuiciaba así hace un siglo al autor y a su obra: "El soldado de mayor utilidad para nosotros antes de Alejandro fue sin duda Jenofonte. El fue quien ha enseñado al mundo cómo ha de ser la táctica de una retirada, cómo estar al mando una retaguardia. Más originalidad táctica se saca de la An basis que de una docena de otros libros cualesquiera. Tras el paso de veintitrés ss. no hay mejor texto militar que la Anábasis". Pese a la hostilidad de los territorios que hubieron de atravesar y de la superioridad numérica del adversario, los griegos consiguieron abrirse paso; fue vano el esfuerzo de Artajerjes por impedírselo. Artajeries temía, en efecto, lo que realmente sucedió: que el mundo se percatase de la debilididad del Imperio persa. Los políticos y los militares griegos no tardaron en aprender la lección. Jasón de Tesalia y Agesilao de Esparta hicieron los primeros ensayos de conquista, pero fue Alejandro Magno quien consiguió coronarlos con una victoria rotunda y definitiva.
 
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