Aqueloo

Se le creía hijo del Océano y de Tetis, es decir, de una de las parejas más antiguas que conocieron las teogonías helénicas (Ver, Urano). Aqueloo pasaba por ser el primogénito de los tres mil dioses-río hermanos suyos. Leyendas diferentes atribuyen a veces la paternidad de Aqueloo al Sol (uno de los "Titanes") y a la Tierra, e incluso lo consideran hijo de Posidón, y cuentan en este caso que el río se llamó primeramente Forbante, porque un día, al atravesarlo, Aqueloo fue herido mortalmente por una flecha. Cayó en sus aguas, y el río adoptó el nombre del héroe. Se le atribuyen diversos amoríos, ya con Melpómene, de la cual habría tenido por hijas las Sirenas, ya con otras Musas. También era considerado padre de varios manantiales: el de Pirene, en Corinto; el de Castalia, en Delfos; el de Dirce, en Tebas. Calírroe (la "Bella Fuente"), que casó con Alcmeón, pasa por hija suya, pero la tradición no menciona a su madre (Ver, Alcmeón y Acarnán). Aqueloo está relacionado con el ciclo de los trabajos de Heracles. Vecino de Eneo, rey de Calidón, en Etolia, le pidió la mano de su hija Deyanira. Por su condición de dios fluvial, Aqueloo poseía el don de la metamorfosis y podía adoptar la forma que le pluguiera: de toro, de dragón, etc. Esta facultad asustó a Deyanira, que no deseaba tener un marido tan incómodo. Cuando Heracles se presentó en la corte de Eneo y le pidió su mano, ella aceptó inmediatamente. No obstante, Heracles hubo de disputársela a Aqueloo, que no se resignaba a verse suplantado. Trabóse un combate entre los dos pretendientes, en el que Aqueloo uso de todos sus recursos, y Heracles, de toda su fuerza. Durante la lucha, Aqueloo se transformó en toro, pero Heracles le arrancó uno de los cuernos, y aquél, considerándose vencido, se rindió. Cedióle el derecho de casarse con Deyanira, pero le reclamó su cuerno. A cambio le regaló uno de la cabra Amaltea, la nodriza de Zeus. (Ver, Amaltea), del que rebosaban flores y frutos en abundancia. Otros autores pretenden que este cuerno maravilloso es el del propio Aqueloo. A la acción milagrosa del dios se atribuye también la creación de las islas Equínades, situadas en la desembocadura del río. Hallándose cuatro ninfas del país ofreciendo sacrificios en las riberas del Aqueloo, se olvidaron, al invocar a los dioses, de citar a éste, el cual, irritado, hinchó sus aguas y arrastró a las ninfas al mar, donde se convirtieron en islas. La quinta isla del grupo, Perimela, era una doncella a la que el dios había amado y arrancado su virginidad. El padre de Perimela, Hipodamante, enojado con su hija, la arrojó al río en el momento en que iba a dar a luz a un hijo. A ruegos de su amante, la joven fue transformada en isla por Posidón. Generalmente representado como un viejo barbado y con cuernos, tema predilecto de los etruscos para decoración de antefijas, bronces y objetos de orfebrería. )o( NOTA.- Los que pretenden hallar en la historia la explicación de todas las fábulas mitológicas, han visto en este Aqueloo no más que un río de Grecia que corría entre Etolia y Acarnania, cuyas frecuentes inundaciones desolaban los campos de Calidonia y confundían sus límites, de lo cual resultaran guerras entre los pueblos de aquellas comarcas. Heracles le opuso varios diques, consiguiendo sujetar el río a un curso uniforme. La metamorfosis de Aqueloo en serpiente, alude a las sinuosidades de su curso, y la de toro, el destrozo que causaba con sus inundaciones. Heracles le arrancó un cuerno esto es, reunió en un solo lecho los dos brazos de que constaba antes el río. Este cuerno vino a ser después el cuerno de la abundancia, porque el curso arreglado del Aqueloo fue origen de riquezas para el país que regaba con sus aguas.
 
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