Industria griega
En Grecia las industrias más pesadas y más altamente organizadas eran las minas y canteras (Ver, Cobre, Estaño, Mármol, Oro, Plata). La mayor parte estaban controladas por el Estado y trabajadas por mano de obra esclava. En Laurio, en el Ática, sobre las que estamos mejor informados, había quizás hasta 20.000 esclavos trabajando durante la Guerra del Peloponeso de los cuales unos mil pertenecían a Nicias. En el Egipto ptolemaico las minas de oro eran trabajadas por prisioneros de guerra y criminales bajo la dirección del rey. Las manufacturas se desarrollaban en industrias de pequeña escala. Pequeños grupos de artesanos trabajaban juntos en talleres (ergasterio) dedicados a una actividad específica, por ejemplo ceramistas, herreros, etc.. Los practicantes de cada tipo de actividad se agrupaban en asociaciones. Los 120 esclavos empleados por Céfalo para hacer escudos para Atenas durante la Guerra del Peloponeso son excepcionales. Los ceramistas atenienses, probablemente el grupo mejor estudiado, pudieron ser unos 500 en el siglo V a.C. pero normalmente trabajaban en grupos de cinco o seis. Las habilidades técnicas estaban muy desarrolladas, especialmente entre los artesanos dedicados a la cerámica, el metal, el hueso, la madera y el cuero. En cada Estado se practicaban las actividades esenciales, pero algunas ciudades adquirieron una reputación por sus industrias particulares: Atenas por la cerámica pintada, Calcis y Corinto por el trabajo del metal; Mégara por los abrigos; Mileto por los textiles y los muebles. Las artesanías más humildes aparecen ilustradas con frecuencia en las pinturas de los vasos: carpintería, zapatería, herrería y escultura en madera. Artes domésticas como hilar, tejer y la cestería se hacían en casa por obra de las mujeres. En el mundo helenístico hubo una producción a gran escala de algunos bienes: grandes jarras en Cnido y Rodas; pergamino en Pérgamo; papiro y textiles en Egipto. La disponibilidad de trabajo no estimuló el desarrollo de técnicas que supusieran ahorro de mano de obra y la mayor parte de las actividades siguieron como antes, excepto aquellas en donde había más intervención estatal: los cerveceros necesitaban una licencia; los trabajadores del aceite eran empleados del Estado y las prensas debían registrarse. Únicamente la industria de la construcción y la ingeniería militar incrementaron su demanda como resultado de las mejoras tecnológicas. En la Roma republicana los talleres y asociaciones se multiplicaron. La mayor especialización de los artesanos se vio contrarrestada en ocasiones por su incorporación a empresas más grandes que combinaban los recursos de la industria, el comercio y la agricultura. Durante el Imperio la industria se descentralizó. En el este, Asia Menor era renombrada por las alfombras y vestidos; Siria y Egipto por el vidrio y el lino; y las provincias del este en general por los productos de cuero y de joyería. Ninguna industria importante siguió en Grecia. En el oeste, la industria italiana no estaba protegida y tuvo que dejar paso a la cerámica procedente de Galia y Germania, al vidrio de las tierras del Rhin, abrigos de Galia y Bretaña, lámparas de África. La creciente tendencia hacia la producción masiva tuvo como consecuencia productos más baratos y más estandarizados a expensas de sus aspectos técnicos o artísticos. Los talleres independientes se vieron ampliamente superados por los talleres estatales y a lo largo de todo el imperio muchas factorías y asociaciones estaban reguladas por el estado. Pero la industria a pequeña escala todavía no había desaparecido y muchos talleres locales siguieron operativos para competir con éxito con los productores más grandes. La prosperidad urbana del Imperio dependía mucho más de la producción agrícola que de la industrial. Ver, Agricultura, Banca, Comercio, Ingeniería.

