Nombres

La mayor parte de los griegos, tanto hombres como mujeres, sólo tenían un nombre. Con frecuencia se daba a un muchacho el nombre de su abuelo. En algunas ocasiones se añadía el nombre de su padre en genitivo (por ejemplo, Tucídides [hijo] de Cloro) para facilitar la identificación. El nombre del demo de un hombre también se daba en ocasiones, pero no llegó a formar parte de su nombre. Muchos nombres eran teofóricos, esto es, incorporaban el nombre de un dios o dioses (por ejemplo, Diógenes). Los apodos (por ejemplo, los atribuidos a los gobernantes helenísticos como Sóter, Auletes, etc.) no se heredaban. Los romanos y otros pueblos italianos tenían al menos dos nombres: el praenomen, o nombre de pila, y el nomen, o apellido, que era el nombre de la gens. Muchos tenían también un tercer nombre o cognomen. Se conocen menos de 100 praenomina y únicamente 14 son frecuentes. Generalmente se abreviaban: A.= Aulo; C.= Cayo; Cn.= Cneo; D.= Décimo; L.= Lucio; M.= Marco; M'.= Manio; P.= Publio; Q.= Quinto; Ser.= Servio; Sex.= Sexto; Sp.= Espurio; T.= Tito; Ti.= Tiberio. Varios de estos nombres tenían equivalentes femeninos como Caya y Quinta. Todos los romanos, incluidas las mujeres casadas, llevaban el nomen de su padre; normalmente terminaba en -ius (masculino) o -ia (femenino) y era el nombre más importante. Los cognomina, que se añadían a los nombres personales, con frecuencia estaban relacionados con una característica personal (Nasón), una profesión (Pictor) o función (Censorino). Algunos pasaron a designar subdivisiones de la gens; por ejemplo, Comelio Escipión Nasica. Los hijos adoptados llevaban el nombre completo de sus padres, añadiendo con frecuencia su propio cognomen. Los esclavos tenían sus propios nombres, pero los libertos adoptaban el praenomen y nomen de su liberador, añadiendo su propio nombre como cognomen. Ver, Cognomento, Nombres latinos.
 
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