Filipo V
(237-179 a.C.). Hijo de Demetrio II, rey de Macedonia, y heredero de la corona desde los nueve años de edad, quedó bajo la regencia de su tío Antígono III Dosón. Le sucedió en 221, a los diecisiete años de edad, y rápidamente dio impresión de energía y fuerza. Tras llevar a cabo una campaña contra los ilirios (Ver, Escerdilaidas), Filipo se encontró con Arato de Sición, y a instigación suya lideró las tropas de la Liga Helénica en la guerra social contra Etolia y sus aliados, Esparta y Élide. La guerra terminó victoriosamente en el 217 con la paz de Naupacto, que ofreció a Filipo la oportunidad de atacar el norte y arrebatar Iliria y la costa dálmata a los romanos, que se hallaban inmersos en la Segunda Guerra Púnica. Filipo fue animado por el exiliado Demetrio de Faros a embarcarse en la Primera Guerra Macedónica. Coetáneo de Aníbal, recibió una embajada de éste cuando se hallaba el púnico en Capua (215), ofreciéndole una alianza contra los romanos, que Filipo aceptó aunque no supo aprovecharla en todas sus consecuencias. Ello dio ocasión a Roma de intervenir directamente en la política exterior macedonia, desencadenándose al año siguiente la llamada "Guerra de Iliria" o Primera guerra macedónica (214-205), en la que se disputaba el control sobre el territorio de la futura provincia romana de Dalmatia. Perdió su flota adriática en el 214, cuando Levino llevó una fuerza romana a Apolonia, pero por tierra tuvo más éxito. Filipo se volvió hacia el Peloponeso, donde castigó severamente a Mesenia y ofendió a la Liga Aquea. En el 212, el equilibrio de poderes se desniveló en su contra cuando Roma se alió con Etolia y Pérgamo: Filipo apoyó entonces a los aqueos en su guerra contra Esparta y demostró su habilidad al resistir el ataque de los etolios y romanos. Los romanos se retiraron en el 207 y Filipo saqueó Thermum, la capital de Etolia. La guerra finalizó cuando los etolios pidieron la paz en el 206 y Roma, en la paz de Fenice en el 205, aceptó los términos que aseguraban a Filipo el acceso al Adriático, en un momento en que Roma estaba ocupada con Aníbal (Segunda guerra púnica). Filipo se volvió a continuación hacia el Egeo, donde utilizó a un pirata, Dicearco, como su almirante para atacar los barcos y las posesiones en Asia Menor del joven rey egipcio Ptolomeo V Epífanes. El grado de implicación de Antíoco III Megas, rey seléucida, con quien Filipo había firmado un tratado en el 203, es incierto. Al mismo tiempo, el rey de Macedonia cometió el error de querer tomar el reino de Pérgamo, cuyo rey Átalo I, que ya había vencido a Cartago, tenía firmado un pacto con Roma. Rodas, una formidable potencia naval, y Átalo I de Pérgamo derrotaron a Filipo en las batallas de Quíos y Lade en el 201, no sin sufrir grandes pérdidas. Átalo y los rodios decidieron enviar una embajada a Roma (201), en el mismo momento en que ésta, tras la victoria de Zama sobre Aníbal, acababa de vencer a Cartago en la 2ª guerra púnica. Poco después, a los enemigos de Macedonia se unió Atenas, recelosa del poderío naval que estaba logrando en el Egeo. Roma, pues, tras pedir en vano a Filipo V que abandonara las conquistas hechas a expensas de Egipto, declaró la guerra a Macedonia, empezando así la 2ª guerra macedónica. Es de destacar que en la declaración de guerra del pueblo romano a Filipo V no influyó sólo la presión de Pérgamo, Rodas, Atenas y Egipto, sino sobre todo el rencor acumulado a causa de la antigua alianza de Filipo V de Macedonia con Aníbal durante la 2ª guerra púnica y que había llevado a Roma al borde del desastre. Mientras Roma desembarcaba en los Balcanes (200), contando con la alianza de Esparta y de la Liga Etolia, la Liga Aquea se mantuvo neutral. Filipo V, por su parte, recabó la ayuda de su aliado Antíoco III pero éste, demasiado ocupado en su guerra contra Egipto, no se la mandó. Una fuerza armada romana, mandada por Publio Sulpicio Galba se enfrentó decididamente a los ejércitos de Filipo en Otobolo, venciéndole. En el año 198, Tito Quincio Flaminio llegó a Grecia, derrotando a Filipo en Cinoscéfalos (197), lo que le supuso la total sumisión a Roma. Para obtener la paz, Filipo V tuvo que renunciar a su hegemonía sobre Grecia y entregar su escuadra y rehenes, entre ellos su hijo menor, Demetrio. Sin embargo, Macedonia no fue suprimida como Estado, pretensión esta de la Liga Etolia que no fue tenida en cuenta, provocando su disgusto. De hecho, Roma en esta época practicaba la política de evitar la total derrota y destrucción de sus enemigos, prefiriendo mantenerles "vivos" pero debilitados. Esta política ya había sido utilizada con respecto a Cartago al terminar la 2ª Guerra Púnica, y ahora sería también aplicada en Grecia con el objetivo de mantener en ella la anarquía. Al mismo tiempo, de todos modos, Roma no dejó de proclamar ostentosamente la libertad de los griegos, en el momento de abandonar el país las ultimas tropas romanas (196). Filipo se dio cuenta de su debilidad y cooperó con Roma en sus tratos con los griegos, prestando su ayuda contra Nabis de Esparta en el 195 y luego contra la alianza de Antíoco con los etolios en el 192 y en los años siguientes. Filipo ayudó a los Escipiones a cruzar su reino con los ejércitos en el 190, con lo cual su deuda con Roma quedó cancelada y se le devolvió a su hijo. Durante los cinco años siguientes dedicó su atención a lograr la prosperidad de Macedonia, revitalizando la economía con la reapertura de las minas, la emisión de moneda y la reorganización de las finanzas públicas. Pero después del 185, sospechando que Roma podría interferir de nuevo, Filipo hizo valer su supremacía en los Balcanes, valiéndose tanto de la diplomacia como de la fuerza (campañas de los años 184, 183 y 181). En el 180 estallaron las diferencias entre sus hijos Perseo y Demetrio por la amistad de este último con Roma, que fomentó sus esperanzas de suceder a su padre en el poder, y Filipo, de mala gana, ejecutó a Demetrio por traición. Filipo murió al año siguiente en Anfípolis mientras planeaba una futura irrupción en Iliria. Al igual que Filipo II, fue un brillante general, pero incapaz de mantener una política constante, y se encontró con un poder que no supo utilizar. Ver, Segunda guerra púnica.

