Libros griegos
En el siglo V a.C. había un puesto de venta de libros en el mercado de Atenas y una copia de Anaxágoras costaba un dracma. Se dice que con anterioridad Pisístrato había ordenado la puesta por escrito de los trabajos de Homero hacia la mitad del siglo VI. Pero probablemente no hubo un proceso de copiado o de circulación a gran escala hasta que la educación hizo surgir una demanda de los escritos de poetas y filósofos. En el período helenístico los libros estaban disponibles de una forma mucho más libre y los particulares podían formar sus propias bibliotecas. De hecho, los primeros libros eran rollos formados con tiras de la planta de papiro que crecía, casi exclusivamente, en el delta del Nilo. El texto se escribía en columnas verticales que el lector desenrollaba de uno de los rollos y enrollaba en el otro. Al no haber divisiones entre palabras y que algunos textos tenían más de sesenta metros de largo, la lectura era una engorrosa tarea. El monopolio egipcio fue motivo de problemas y una interrupción del suministro de papiro originaba el desarrollo de alternativas. En Pérgamo se trataron pieles de animales para hacer pergamino. Esto, junto con la introducción del códice o libro de hojas encuadernadas tal como lo conocemos, a partir del siglo II, revolucionó la publicación y la lectura. Ver, Erudición griega.

