Marina romana

A diferencia de los fenicios, los griegos y los etruscos, los romanos no fueron desde su origen un pueblo marítimo. No obstante, el desarrollo del comercio y, sobre todo, las necesidades de la lucha contra los cartagineses (Duilio) y después contra los piratas (Pompeyo) hicieron desarrollar la flota. La marina romana siempre fue menos importante que el ejército. Esto puede atribuirse tanto a la antipatía de los romanos hacia el mar como a las limitaciones inherentes a las marinas antiguas. Los barcos de guerra de la antigüedad propulsados a remo eran vulnerables al mal tiempo y normalmente necesitaban que se les varase cada noche. Por lo tanto, carecían de un radio de acción estratégico y de la capacidad de aplicar un bloqueo estrecho. Aunque la existencia de funcionarios llamados duoviri navales atestigua algún tipo de implicación naval temprana, Roma construyó por primera vez flotas dignas de ese nombre durante las guerras púnicas. Pese a algunos desastres debidos a la escasa pericia náutica, las flotas romanas tuvieron un buen papel contra Cartago pues Roma superó a su oponente y utilizó barcos pesados equipados con un puente de abordaje (corvus) de modo que hasta donde fue posible transformaron las batallas navales en combates de infantería. Tras las guerras púnicas Roma dejó que su flota decayese y para las operaciones navales se apoyaba en los barcos de sus aliados griegos. Esto, junto con la política romana de mantener las flotas de los demás estados debilitadas, provocó una piratería epidémica en el Mediterráneo. Cuando los piratas amenazaron el abastecimiento alimenticio de Roma (annona), Pompeyo llevó a cabo triunfantes campañas contra ellos en el año 67 a.C.. Las guerras civiles del final de la República provocaron el renacimiento de las flotas romanas. Tras la muerte de su padre, Sexto Pompeyo intentó lograr el poder por medio de su flota, pero lo derrotaron las flotas de Octavio. La última batalla de las guerras civiles, Accio, se luchó en el mar. La marina fue poderosamente organizada por Agripa, bajo Augusto. Tripulaciones e infantería de marina eran reclutadas entre los proletarios y los aliados, incluso los esclavos. Desde Augusto, dos escuadras pretorianas tienen sus bases, la una en Misena, la otra en Rávena. Se distinguen, por otra parte, las flotillas marítimas con base en Fréjus, en Alejandría, Seleucia de Pieria, Cesarea (Cherchell), Apolonia de Libia, Trebizonda (mar Negro), Douvres y Lymnia (Britannia), Gerosiacum (Galia), y las flotillas fluviales con base en Taurutum y Tomis, en el Danubio, Bonn y Maguncia en el Rhin; Vindelicia, en el lago de Constanza, etc. El prefecto de la flota es de orden ecuestre. El comercio con las provincias lejanas y la organización de la annona desarrollaron paralelamente las flotas comerciales cuyos grandes puertos son Ostia, Puzzoles, Alejandría, etc. Numerosos transportes se efectuaban por vía marítima y fluvial y las corporaciones de bateleros (nautas) conocieron una gran actividad. Durante los siglos III y IV, las flotas romanas desaparecieron por completo. Ver, Ejército romano, Guerra romana, Embarcaciones.
 
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