Mármol
El mármol era buscado en Grecia para la escultura desde el siglo VII a.C. y para la arquitectura desde el final del VI. Ofrecía las mejores condiciones para el embellecimiento y desde la mitad del siglo V no se usó otro material para los grandes edificios en Atenas. En otros lugares se usó con menos abundancia, a menudo sólo como decoración, y pocos edificios se construyeron sólo de mármol hasta el período helenístico. En la antigüedad griega se apreciaban particularmente los mármoles de las Cícladas. El de Paros ante todo, de grano grueso, traslúcido, muy blanco, resistente, el más apreciado por los escultores. Naxos producía el mejor mármol gris. En Ática, el mármol del Himeto, de grano fino, teñido de gris o de azul, duro, era un excelente material de construcción. El mármol del Pentélico, duro y apretado, blanco en el momento de la extracción, tomaba con el contacto del aire un tinte dorado; era empleado en arquitectura (Partenón, Propileos), pero también para la escultura (decoración del Partenón). En Italia los etruscos usaron poco el mármol y las canteras de Luna, que producían un bello mármol blanco Carrara, nunca se trabajaron con mucha intensidad. Sin embargo, Roma hizo un intenso uso del mármol, especialmente por obra de Augusto, que importó diferentes variedades de Asia Menor, Egipto, Grecia y Numidia. Los mármoles coloreados se pusieron de moda para la decoración interior y exterior. Edificios públicos se construyeron con mármol a lo largo del Imperio. Ver, Crustae Phrygiae, Mármol Pario, Beudos, Pario.

