Monarquía
Aunque la monarquía parece haber sido la norma en el período micénico, durante la época arcaica la monarquía constitucional había desaparecido del mundo griego, con unas pocas excepciones en sus zonas fronterizas como las de Cirene y Macedonia, si bien "rey" sobrevivió con frecuencia como el título de un magistrado. Esparta tenía una inusual monarquía dual con dos casas reales que Aristóteles consideraba un "generalato vitalicio". Dejando aparte esas situaciones, la monarquía en Grecia, carente de sanción constitucional, se consideraba como una tiranía, del mismo modo que los despotismos orientales que los griegos contemplaban como la antítesis de su propia libertad. En la práctica, los estados griegos tenían la elección entre oligarquía y democracia. El ascenso de Macedonia y la emergencia de hombres fuertes a escala regional, tales como Jasón, Dionisio I y Mausolo, provocó un interés filosófico renovado por la monarquía, un desarrollo confirmado por el dominio de las dinastías helenísticas. La filosofía política se enfocaba entonces hacia el carácter y las cualidades del monarca, real o ideal, mientras que las influencias orientales tendían a desarrollar el culto al gobernante. Semejantes ideas influyeron a su vez en el pensamiento romano de la República tardía y del primer Imperio, proporcionando un ideal constructivo que superaba la hostilidad hacia los reyes, tradicional en Roma desde la caída de Tarquino el Soberbio. Ver, Rex.

