Ática
Esta pequeña región de unos 2.700 Km2, limítrofe con Beocia por el noroeste, con la región del Istmo por el suroeste, al sur por el golfo Sarónico y al norte por el brazo de mar que la separa de la isla de Eubea, está formada por estrechos valles regados por riachuelos que nacen en las colinas o montes que rompen la planicie, como el Parnés al noroeste, el Pentélico al noreste y el Himeto al sureste, proporcionando un paisaje dividido en distritos o cantones naturales con una fragmentación característica: al noreste, la llanura de Maratón; al suroeste, la de Eleusis; al este y sur, a ambos lados de la llanura central, la región de la costa, y al norte, la del interior. Sin embargo, esta fragmentación natural no impidió la unificación política de todo el territorio del Ática. Al siglo IX, si no antes, correspondería el proceso de "sinecismo", que se inició con la unificación de las doce primitivas comunidades, a las que se uniría más tarde la tetrakomía de Maratón (formada por las aldeas de Ofinoe, Tricorito, Probalinto, Maratón) y los dominios de Eleusis, de tal modo que hacia el 700 a.C., el Ática había sido unificada bajo el dominio político de la polis de Atenas. Este proceso de unificación no supuso, como en Esparta, la puesta en práctica de una dinámica "imperialista", puesto que Atenas parece haber respetado formalmente los intereses de cada una de las regiones áticas a través de sus respectivos representantes en un "Consejo común" de naturaleza aristocrática, integrado en principio por los jefes de las cuatro tribus originarias (Geleontes, Aigicoreis, Argadeis y Hopletes). Además, entre los habitantes del Ática existían vínculos de sangre y condiciones de vida similares que permitieron una fácil integración de éstos como "politai" en el nuevo estado o polis: Atenas.

