Babilonia
o Babel. Voz que deriva a través del griego del término acadio Ba-Iu o Babilim o Amurru, que significa "puerta del cielo", en babilonio Bab-ilani. En sumerio se llamaba Kadin-gir-ra, o Martu o Kur. En lengua semítica Bâb-ilou, que significa "puerta de Dios". País, situado en la región del Asia anterior, en la porción meridional de Mesopotamia, entre las montañas del Elam al este y el gran desierto de Arabia al oeste. Estaba regado por los ríos Tigris y Éufrates, que nacen en las montañas de Turquía. Era un país rico en cereales y palmeras. Su capital era Babilonia y sus ciudades más importantes: Sippar, Accad, Ur, Nippuru, Uruk, Lagash, hoy Tel-loh (Tello), donde se han descubierto hermosas esculturas antiguas; Kish, hoy Hymer; Borsippa, representada por las ruinas de Birs-Nimrud; Eridu, la ciudad sagrada; Marad, etc.. El reino estaba habitado por pueblos que hablaban dos lenguas diferentes, la sumeria y la acádica; se cree que fue el pueblo sumerio el primero en habitar el país. Las excavaciones arqueológicas han evidenciado que en Babilonia, cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos, existió un período prehistórico, denominado Ubaid, y un largo período protoliterario, aún antes de los albores de la propia historia. Su nombre aparece mencionado por primera vez hacia el 2.200, cuando un rey de Akkad levantó en ella un templo dedicado a la diosa Ishtar. Durante el período histórico hace su aparición al norte de Babilonia un pueblo semita, probablemente de origen nómada. Años más tarde, a principios del segundo milenio a.C., irrumpen en el país nuevos invasores en la ciudad de Babilonia, la primera dinastía de los amoritas (semitas). Éstos conformaron el primer imperio babilónico. Babilonia alcanzará su esplendor como capital con esta Dinastía I amorita (1.894-1.595) dando desde entonces nombre a todo el territorio de su Imperio (Imperio paleobabilónico). Durante más de un milenio, sería el centro intelectual y religioso más importante de Mesopotamia. Fue, en su momento, la más majestuosa ciudad del universo. El sexto rey de esta dinastía babilónica, Hammurabi (ca.1.750), su principal monarca, unió toda Mesopotamia bajo un solo mando y compiló un gran código de leyes, el más antiguo que se conoce. Derrota a sus aliados en las campañas contra los países vecinos del sur y consolida su dominio en el norte de Mesopotamia, creando un gran imperio. Es una de las figuras más relevantes de la antigüedad, pues destacó, no sólo como rey guerrero conquistador sino, sobre todo, por su labor legislativa y organizativa de ese vasto territorio. Construyó el palacio de Mari, en el que se ha encontrado un archivo con 20.000 tablillas de arcilla en las que se relaciona la vida de los profetas. Su mérito principal, sin embargo, es la labor legislativa que estableció regulando la propiedad de sus súbditos y otros aspectos de la moralidad y la justicia. Sus sucesores guerrearon con los cassitas, pueblos de las montañas del norte de Mesopotamia (Irán), de origen indoeuropeo, que finalmente se instalan en la zona costera del golfo Pérsico. La invasión de cassitas inicia un período de conquista que concluirá con el imperio babilónico. Hacia el año 1.000 se producen nuevas invasiones de pueblos indoeuropeos procedentes del Cáucaso que dominan a los pueblos indígenas. Son los hurritas, los luwitas y los hititas. Éstos, que hablaban una lengua indoeuropea del mismo tronco que el latín, terminaron dominando la zona. Los sucesores de Hammurabi, fueron incapaces de mantener el imperio y fueron definitivamente aniquilados por los hititas. A un posterior período de pequeños estados y guerras insignificantes continúan unos años en que Babilonia sufre la influencia de Asiria, luego perdida. Después de siglos de silencio histórico casi absoluto, sigue la caída de Babilonia en manos de Asiria, mientras un nuevo pueblo, el caldeo, va extendiendo su influencia. Tras un período particularmente agitado en el que se suceden los reyes y las guerras, Babilonia se separa de Asiria bajo el cetro de un nuevo rey, Mushezib-Marduk, pero cinco años más tarde fue vencido y Babilonia arrasada. En el año 609 Asiria quedó dividida entre sus antiguos vasallos, y Nabopolasar incorporó los territorios occidentales a Babilonia, que se convirtió en el país más rico y poderoso del mundo. Con la Dinastía Caldea (o Dinastía X de Babilonia, 625-539 a.C.), principalmente con Nabucodonosor (Imperio neobabilónico), conoció su época más esplendorosa. El imperio asirio dio paso a una nueva hegemonía de los babilonios que arrebatan todo el territorio asirio a los egipcios. El imperio neobabilónico dominó todas las rutas comerciales del Asia Anterior obligándose a constituir una poderosa fuerza militar que asegurase las caravanas comerciales que desde todos los puntos confluían en Babilonia. El artífice de este imperio comercial fue Nabucodonosor II, hábil negociador y diplomático que ejerció un poder basado en la libertad de comercio y en la protección a la iniciativa privada y la seguridad en las rutas caravaneras. Con esta política liberal, Babilonia se convirtió en el centro comercial más importante de todo el continente. La ciudad fue muy ampliada y reconstruida hasta ser una de las maravillas de la antigüedad: puerta de Ishtar, santuario de Esagila con el zigurat de Etemenenki (bíblica torre de Babel), jardines en terrazas escalonadas. El hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor II, apodado el Grande, invadió Judea y ocupó Jerusalén como medida defensiva frente al poder egipcio, destruyéndola en el año 587 a.C.. A partir de este momento se inicia la decadencia de Babilonia. Tras una breve lista de monarcas que fueron perdiendo poder, el rey persa Ciro II ocupó la ciudad, desviando para ello el cauce del Éufrates, y acabó con la independencia de Babilonia en el año 539 a.C., al convertirla en una provincia del Imperio persa. Algo más tarde, en el año 331 a.C., es Alejandro Magno quien la incorpora al imperio macedónico. Pero poco después empezó un lento declive, a pesar de que la ciudad, ya abandonada cuando Estrabón la visitó (siglo I d. J.C.), nunca fue olvidada. En el siglo XII d. J.C., el rabino Benjamín de Tudela, viajó hasta allí para ver las ruinas del palacio de Nabucodonosor, de las que Pietro della Valle, describió ampliamente los vestigios en 1616. Las primeras prospecciones arqueológicas en Babilonia tuvieron lugar entre 1899 y 1914, dirigidas por la expedición alemana, que descubrió las ruinas de la ciudad de Nabucodonosor, aunque su esplendor no había resistido a la prueba del tiempo. Las excavaciones se reiniciaron veinte años más tarde a cargo del Servicio de antigüedades de Irak, que inició la reconstrucción de los principales monumentos. Así surgió una nueva Babilonia, pese a que poco queda de los jardines colgantes o de la famosa Torre de Babel, maravillas de la antigüedad que describió Heródoto en sus relatos, que sin duda han influido más en nuestra imaginación que los hallazgos de las propias excavaciones. Las líneas maestras de la planta, tal como las conocemos en la actualidad, eran las mismas que en el año 1226 a.C., tal como se desprende de un texto cuneiforme escrito durante el reinado de Nabucodonosor I, que quizá marcara la época a la que se remonta el asentamiento urbanístico, proyectado, por lo tanto, en un momento en el que la ciudad era capaz de garantizar una posición de preeminencia respecto al poderoso imperio asirio. Nabucodonosor II (604-562), que adoptó el nombre de su prestigioso antepasado, siguió la planta existente al restaurar, con toda su grandeza, la capital del nuevo y poderoso imperio. Ello responde a una práctica constante de los reyes neobabilónicos que, como los modernos arqueólogos, buscaban las huellas de los antiguos edificios antes de reconstruirlos sobre el mismo modelo. Babilonia crecía a ambas orillas del Éufrates, unidas entre sí por un puente de 115 metros que reposaba sobre pilastras de ladrillos cocidos y bloques de piedra. La ciudad, cuya superficie equivalía a un cuadrilátero de 2500x1500 metros, estaba rodeada por un doble bastión precedido de un amplio foso. A lo largo de la fortificación, se contaban nueve puertas monumentales hacia las que se dirigían las principales vías, construidas siguiendo una red estructurada en ejes perpendiculares entre sí. La mayoría de construcciones oficiales y las moradas de los personajes ilustres se levantaban en la parte oriental de la ciudad, mientras que la occidental, situada en la orilla opuesta del Éufrates, estaba ocupada por los barrios populares. En la orilla derecha del río, en el corazón de la ciudad, se encontraba el templo del dios Marduk (Esagila), dominado por la Torre de Babel, el famoso zigurat cuyo nombre, Etemenanki en lengua sumeria (lengua usada en el campo religioso basta el primer milenio) significa "Casa-cimientos del cielo y la tierra". Es prácticamente seguro que se edificó sobre un edificio anterior, aunque una vez más, se trata de una continuidad de la tradición y no de una innovación. En Mesopotamia no se construían zigurats desde hacía tiempo ni tampoco se construyeron otros después. La Torre de Babel tenía una planta cuadrada de 90 m de lado y otros tantos de altura, contaba con siete niveles rodeados de una extensa muralla. Los restos de la ciudad no hubieran permitido proceder a su identificación, a la que se llegó gracias a dos documentos históricos: un texto cuneiforme, que mencionaba las relaciones aritméticas de una construcción similar, y la descripción de Heródoto, que la vio casi un siglo después de su construcción. La vía de la procesión constituía el eje más importante de Babilonia: nacía en la puerta monumental del recinto amurallado del zigurat, pasaba junto a la fachada oeste del palacio real y por el este de una serie de templos y atravesaba, entre imponentes bastiones, las dos murallas de la ciudad, que cruzaban la puerta de Ishtar. La bóveda principal de la puerta media 14,30 metros de altura y sus paredes estaban decoradas con frisos hechos con moldes de animales en movimiento, que representaban, de forma alterna, filas de toros y dragones. En su parte final, reproducida en el Museo del Antiguo Oriente de Berlín, la decoración era de ladrillos mallados sobre fondo azul. Tras el umbral de la puerta, la vía de la procesión cruzaba un complejo de construcciones fortificadas que incluían el palacio septentrional y alcanzaba, unos tres kilómetros más tarde, el Palacio de Verano situado aguas arriba del Éufrates. Este último edificio se encuentra dentro del perímetro de una extensa fortificación exterior, al igual que el Templo del Año Nuevo, jamás encontrado, pero que según los textos, desempeñaba un papel fundamental con ocasión de las fiestas anuales del dios Marduk. La ciudad contaba con unos sesenta templos, de los cuales, los arqueólogos han hallado una decena. Los más famosos son los de Ishtar y Ninmah, a pesar de que ninguno de ellos alcanzaba la grandeza del Esagila, la morada de Marduk, donde tenían lugar las liturgias del año nuevo que duraban doce días completos. Este templo, construido en época muy anterior al primer milenio a.C., fue destruido en el 479 a.C. por el soberano aqueménida Jerjes I, para castigar un levantamiento de la ciudad. El gran palacio de Nabucodonosor estaba formado por cinco patios consecutivos que poseían, a excepción del primero una sala oficial situada en el lado sur. La sala del tercer patio, la más amplia, se ha identificado como la Sala del Trono. Los decorados con ladrillos esmaltados de su fachada representaban árboles de la vida sobre un friso con leones. En la esquina noreste había una serie de catorce habitaciones con bóveda, dispuestas en dos filas, con pavimento de losas de piedra y un pozo. Éstas se han interpretado, aunque sin pruebas definitivas, como los posibles cimientos de los famosos jardines colgantes. Probablemente fuera allí donde murió Alejandro Magno. Al oeste, a orillas del Éufrates, una enorme fortificación protegía la Cámara del Tesoro, donde se conservaban los botines conseguidos en las conquistas, de los que no se ha encontrado rastro alguno en la época de las primeras excavaciones. A pesar de todo, son pocos los objetos hallados que muestren el arte y la cultura de la que, durante mucho tiempo, fue la capital intelectual y religiosa de Mesopotamia y, a la vez, uno de los mayores centros de la antigüedad. Es como si la desolación de Babilonia, anunciada por los profetas como castigo por el trato que Nabucodonosor II infligió al pueblo hebreo, se hubiera extendido a los propios restos arqueológicos. Habitantes, babilonios. Ver, Murallas de Babilonia.

