(ca.390-ca.338 a.C.). Médico, geógrafo, matemático y astrónomo de Cnido. Según Diógenes Laercio y otros autores, fue discípulo de Arquitas en lo que se refiere a la geometría, y de Filistión en medicina. Visitó Atenas, en donde asistió a las lecciones de Platón y de otros socráticos, y luego se trasladó a Egipto, en donde estudió astronomía con los sacerdotes de Hierápolis. En Egipto publicó trabajos sobre el calendario, entre los que figura el titulado Octaeteris (El ciclo de ocho años). Dio lecciones en Cícico y otras ciudades de la Propóntide y visitó la corte del sátrapa Mausolo de Caria, antes de regresar a Atenas, en donde se dedicó a enseñar. Dio a su ciudad natal un código legal. Investigó sobre la sección áurea de un segmento, sobre el postulado de Arquímedes, del cual se valió para establecer el método de exhaución; demostró los primeros teoremas de semejanza y proporcionalidad, y a él se debe gran parte el material utilizado luego por Euclides, que se cita en su libro quinto y que se aplica tanto a magnitudes mensurables como inconmensurables. Desarrolló el "método del agotamiento", que emplean los matemáticos para evitar las cantidades infinitesimales. Resolvió el problema de la duplicación del cubo y probó que un cono y una pirámide son respectivamente un tercio de un cilindro y de un prisma de la misma base y altura. Sus trabajos astronómicos le hacen estar considerado como uno de los mejores astrónomos de su tiempo. Realizará estudios sobre los movimientos de los cuerpos celestes, siendo el primero que adaptó las teorías astronómicas platonistas. Trabajó en la creación de un completo mapa de las zonas conocidas e intentó desarrollar un mapa de estrellas dividiendo la bóveda celeste. Se le debe uno de los primeros sistemas geocéntricos, adoptado y ampliado posteriormente por Aristóteles. El sistema de Eudoxio, también llamado de las esferas homocéntricas (con un centro común), colocaba a nuestro planeta en el centro del Universo, y a los siete cuerpos celestes conocidos en aquella época, los situaba fijados a siete grupos de esferas de dimensiones crecientes. El primer grupo pertenecía a la Luna, formado por tres esferas; el segundo, formado por otras tres, al Sol; los otros planetas entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) ocupaban cada uno un grupo de cuatro esferas. Cada cuerpo celeste se imaginaba fijado a la esfera más interna del propio grupo, y las esferas de cada grupo estaban conectadas entre sí mediante un sistema de ejes polares desfasados. Todo este complicado mecanismo era necesario en un intento de explicar el movimiento planetario que, como es sabido, según los períodos del año, parece ser directo, retrógrado o estacionario. Posteriormente este sistema fue perfeccionado por Calipo. Aristóteles adoptó esta teoría y, como consecuencia, su influencia duró mucho. La obra de Eudoxo se tituló Sobre las velocidades, y aunque la parte matemática era brillante, su observación era insatisfactoria. Eudoxo también escribió dos versiones de una descripción de las constelaciones y una relación de sus salidas y sus puestas, tituladas Enoptron y Phaenomena, esta última fue adaptada en verso por Arato. Se le atribuye la invención del cuadrante solar horizontal. Se conservan algunos fragmentos de su obra geográfica Una vuelta a la Tierra.