(ss. IV-III a.C.). Nacido en Mesina (Sicilia) o en Mesenia (Peloponeso). Fue un escritor y hermeneuta griego de la época helenística, padre de la corriente hermenéutica conocida como evemerismo. Contemporáneo de Dicearco de Mesina, vivió en el período inmediatamente sucesivo a la muerte de Alejandro Magno, y fue viajero asiduo. Según Diodoro, Evémero era amigo de Casandro (rey de Macedonia de 301 a 297), y por orden suya se encargó de algunos asuntos relativos al reino, por lo que tuvo que hacer largos viajes, los cuales le llevaron hasta Arabia e incluso hasta el océano Índico. Hacia el 300 escribió una novela filosófica en la corte de Casandro titulada El escrito sagrado o Inscripción sagrada. Esta novela tuvo influencia en el pensamiento helenístico y luego en el cristiano en lo que se refiere a los dioses y la mitología. Pudo haber empleado como modelo la obra de Hecateo de Abdera titulada Los hiperbóreos. Según Diodoro Sículo, en su novela describía un viaje imaginario a través del Océano Índico hasta una isla llamada Panquea, en donde decía que había visto una columna de oro con la inscripción "documento" de los dioses Urano, Crono y Zeus, de quienes aseguraba que habían sido grandes reyes deificados por sus súbditos en virtud de sus importantes acciones. La novela estaba de acuerdo con la deificación de los reyes helenísticos y puede interpretarse siguiendo la misma vieja perspectiva griega, que encontramos ya en la épica y la poesía lírica, de dioses y héroes considerados como personajes similares. Por otra parte, Evémero quiso explicar de forma racional las corrientes ateas. Su teoría, conocida como "evemerismo", tuvo poca influencia entre los griegos, pero fue adaptada y traducida al latín por el poeta latino Quinto Ennio, que nos ha llegado en un amplio fragmento rescatado a su vez por Lactancio: originalmente estaba compuesta por tres libros. Evémero no es el único, y mucho menos el más conocido, de los historiadores "utopistas". Sus intereses etnográficos le acercan al contemporáneo Hecateo de Abdera, autor de una monografia sobre los Egipcios que también fue fuente citada por Diodoro Sículo. De Hecateo toma el gusto por la mezcla de datos etnográficos, y su óptica histórica, coherente con el perfil de los memorialistas de la época helenística, no muestra un particular interés en la verosimilitud de la narración como en suscitar en el lector las emociones que en su siglo se pedía a las representaciones dramáticas, insistiendo en los detalles más exóticos y novelescos. Si su obra, como la de tantos otros históricos contemporáneos suyos, fue rápidamente eclipsada por lo que respecta a la narración de las gestas de Alejandro, sus ideas más filosóficas tuvieron en cambio gran eco gracias a Ennio, sobre todo, a través del cual se integraron en la concepción teológica romana de la época augustea. En suma, mediante el procedimiento evemerista puede encontrarse el verdadero sentido oculto de los mitos, que sería de naturaleza histórica y social. Implícita en esta concepción está la teoría antropológica de la religión. En realidad, la idea aparecía ya en el sofista Pródico de Ceos, quien afirmaba que los dioses son cosas u hombres que en la antigüedad fueron importantes, por lo que luego pasaron a ser deificados. Lactancio, un escritor cristiano, aceptó la teoría de Evémero, porque, según él, daba una auténtica explicación de la naturaleza de los dioses paganos. Diodoro Sículo incluyó la historia en el libro sexto de su historia, del que quedan algunos fragmentos. Ver, Yámblico, Evemerismo, Panquea.