o Etrurios (Tirsenos o Tirrenos, para los griegos; Tusci, para los romanos y Rases o Rasenna, el nombre que se daban a sí mismos). Perteneciente o relativo a este país de Italia antigua. Pueblo asentado en la Etruria (hoy, Toscana), al norte de la península Itálica desde el año 900 a.C., que limita al norte por el valle de Arno, al sur por el Tíber, al este por los Apeninos, y al oeste por algunos puertos del mar Tirreno. El primer problema que se plantea acerca de los etruscos es el de su origen. Por una parte hay una hipótesis que afirma que los etruscos debieron llegar a las costas de la península Itálica aproximadamente en el 1200 a.C., como uno de los contingentes de los llamados "pueblos del mar". Sin embargo, parece ser que el carácter mediterráneo de la lengua etrusca ha quedado claramente documentado, lo que no permite afirmar con rotundidad el origen oriental de este pueblo. Desarrolló una civilización que fue precedente inmediato de la romana. En el Mediterráneo Occidental, en la península Itálica, fue entrando, a partir del año 1000 a.C., la cultura de la Edad del Hierro. Por entonces estaba poblada por pueblos mediterráneos y recibió varias invasiones de pueblos indoeuropeos, cuyos representantes son los genéricamente llamados pueblos "itálicos" constituidos por varios grupos (latinos, umbros e ilirios). Originariamente el nombre de Italia se refería sólo al extremo suroccidental de la península. Posteriormente se adjudicó a la totalidad, hasta los Alpes. Etruria desempeñó un papel esencial en la génesis del Imperio romano. La expansión continental de los etruscos no fue menos importante que la marítima y se cree que consiguieron asentar su dominio en toda la península itálica. Eran aliados de Cartago en oposición a la talasocracia griega; las luchas entre las colonias griegas y los pueblos itálicos fueron constantes. Los etruscos establecieron su dominación sobre Roma. La investigación moderna rechaza la existencia no sólo de Rómulo, sino de los tres primeros reyes etruscos de Roma y admite en cambio la existencia de los tres últimos: Tarquino Prisco, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio. Desde los primeros momentos y durante varios ss., ejercieron una hegemonía marítima sobre el Tirreno y el Adriático. El gran período de la civilización de los etruscos se sitúa en los ss. VII-VI y comienzos del IV a.C.. Su marina rivalizaba entonces con las flotas cartaginesa y griega. En el siglo VI ocuparon el lacio y la Campania. Durante el siglo V a.C. extendió su poderío a la Italia central por el valle del Po, gracias a su extraordinaria capacidad organizativa y militar. Como potencia comercial y militar se aliaron a Cartago para vencer a la federación griega en la batalla de Alalia (540 a.C.). Sus resultados, no suficientemente claros, significaron un nuevo reparto de influencias y aseguraron a los etruscos el dominio del comercio marítimo en todo el Mediterráneo noroccidental. La célula social de los etruscos era de tipo gentilicio: la herencia se transmitía a través de los varones y la justicia se impartía a partir de la tradición oral. En el siglo V a.C., Roma expulsó a los monarcas etruscos y estableció una república. Según la leyenda, Tarquino el Soberbio, enamorado de una dama de la aristocracia romana, la quiso tomar por la fuerza aprovechando una ausencia de su marido. Junio Bruto y el esposo de la dama se rebelaron contra Tarquino y expulsaron al monarca en 509 a.C.. En el siglo IV a.C. los etruscos ya se hallaban bajo dominación romana. Antes del siglo V a.C.. Etruria estaba formada por 12 ciudades y cada ciudad tenía un rey, uno de entre estos doce se erigía en jefe supremo. Pronto se pasó a una república oligárquica que terminó en el siglo I a.C. cuando la «lex» Julia concedió la ciudadanía romana a todos los etruscos. Su hegemonía comienza a decaer durante el siglo V a.C., tras la expulsión de Roma de los reyes pertenecientes a la dinastía de los Tarquinios y de ser derrotados, como aliados de los cartagineses, en la batalla de Cumas (474 a.C.) en el entorno de las guerras médicas. La base de las instituciones de las tribus etruscas fue, como en Grecia, la ciudad, con un consejo compuesto por los principales ciudadanos para la dirección de los negocios públicos, y un jefe "lucumón", que asumía el poder civil, militar y religioso. Las ciudades, aunque independientes entre sí, formaban una unidad nacional, con tres ligas de doce ciudades cada una, unidas por el sistema político federativo; la Etruria propiamente dicha, la de los Apeninos y la de la Campania. Creían los etruscos en otra vida, en un Dios supremo y en doce dioses mayores (dii consentes), seis varones y seis hembras, que formaban el consejo de la divinidad suprema y representaban sus atributos. Concedían gran importancia a las vísceras de los animales y a los relámpagos, como manifestaciones de la voluntad divina. Creían en un "averno" subterráneo del cual las almas, mediante misteriosos sacrificios, podían libertarse y subir a la morada de los dioses. El mundo era para los etruscos perecedero y finito, con un principio y un fin. Se caracterizó sobre todo por una religión de aire oriental, muy alejada del paganismo greco-romano, contenida en unos Libros sagrados, revelados por Tages, un niño o geniecillo con sabiduría de anciano que surgió de un surco mientras un campesino araba, y por la ninfa Vego(n)ia o Begoe. Estos libros, conocidas como "Libri Tagetici" y "Libri Fulgurali", enseñaban una doctrina compleja sobre las relaciones entre los dioses y el mundo y sobre el destino de éste. Un poderoso colegio de sacerdotes, los arúspices, muy versados en el arte de la adivinación, presidían la vida religiosa del pueblo. El pueblo etrusco conoció desde muy antiguo el alfabeto, y su escritura se orienta de derecha a izquierda. No se conoce una literatura etrusca, limitándose los textos encontrados a libros sagrados. Sin embargo, tenían amplio conocimiento de las matemáticas; fueron, al parecer, los creadores de las llamadas cifras romanas. Conocían la astronomía y estudiaron los fenómenos celestes. Medían el tiempo en un año de trescientos cuarenta días, divididos en diez meses. Al ser un pueblo eminentemente marítimo, comercial e industrial, sus puertos se convirtieron en emporio de un floreciente comercio entre los pueblos de la Galia y de la Iberia por una parte y los de Italia y Grecia por otra. Establecieron colonias en Córcega, Cerdeña y en Elba; sus buques dominaron los mares de Italia; sus corsarios devastaron las costas de Sicilia y de la Magna Grecia y llegaron al mar Egeo. Fue un poder marítimo formidable, que alcanzó su máxima potencia expansiva en los ss. VII y VI a.C., pero que declinó hacia el año 500 como consecuencia de la derrota infligida a su flota por Hieron de Siracusa y por el creciente poderío de Roma. El arte etrusco ha dejado tras sí innumerables restos de una producción muy diversa y con frecuencia de primer orden. Fue influido constante y profundamente por el arte helénico, pero presenta de todas maneras un aspecto propio, en razón de un gusto marcado por la estilización y, por lo menos en la época tardía, por el realismo. Estuvieron dotados de gran talento artístico, y supieron asimilar las artes de otros pueblos antiguos, muy particularmente de Grecia. Tuvo el arte etrusco su grado de mayor esplendor en la época comprendida entre los años 800 a 400 a.C., y comenzó su decadencia con el dominio romano, que mantuvo el carácter propio de su arte hasta una época avanzada. Donde más sobresalieron los etruscos fue en la arquitectura. La construcción de bóvedas, que comprueba una influencia asiática, fue practicada como uno de los más importantes elementos arquitectónicos, así como la arcada. Trabajaban la piedra con gran perfección y usaban la columna etrusca, derivada de la dórica, capiteles de tipo jónico con numerosas variantes; placas de tierra cocida policromada y tejas de la misma materia para cubiertas de templos y edificios principales. La casa urbana era de planta cuadrada, con un patio central al que comunicaban directamente un vestíbulo, una sala y los dormitorios. En cada agrupación urbana se levantaba sobre un basamento el templo, de marcadas características helénicas. La planta era la de un paralelogramo rectángulo con una longitud seis veces mayor que su anchura y orientada de sur a norte. La fachada principal estaba formada por una gradería que conducía a un pórtico sostenido por columnas. La parte posterior o trasera consistía en una celda dividida interiormente en tres naves. Cada ciudad resolvía el sistema de desagüe mediante la circulación de cloacas en el subsuelo; en este aspecto, es una de las obras más importantes La Cloaca Máxima de Roma. Las sepulturas etruscas, excavadas en la roca o construidas mediante losas en un terreno llano, poseen corredor de acceso y cámara funeraria. En ocasiones, cuando las dimensiones lo exigen, aparece ésta sostenida por gruesas pilastras talladas. La mayor representación de pintura etrusca se halla en las decoraciones de las cámaras funerarias. Las más antiguas (antes del siglo IV) muestran a animales y temas relacionados con los ritos funerarios, mientras que las de fecha posterior se refieren a luchas, juegos escenas de caza, banquetes, danzas, y asuntos de la vida cotidiana, que evolucionan hacia el realismo clásico. La escultura etrusca se manifiesta en piedra, mármol, alabastro, marfil y, sobre todo, en bronce, en el que nos ha dejado obras tan famosas como la Loba Capitolina, la Quimera, el Orador, etc. También se distinguieron los etruscos en la escultura en terracota; en ella realizaron sorprendentes sarcófagos policromados en los que aparece la imagen del cadáver en gran tamaño, medio incorporado y acompañado de su esposa. Fueron también los etruscos hábiles en las artes de la fundición, grabado, cincelado, repujado y modelado del bronce, de la plata y del oro. Prueba de ello son las cistas, cráteras, fíbulas, pendientes y espejos conservados. Estos últimos, generalmente en bronce y, a veces, en plata, presentan una de las caras cuidadosamente bruñida y otra decorada con representación de divinidades y héroes. Sometidos militarmente e incorporados por los romanos antes de estallar la primera guerra púnica, lucharon activamente para conseguir los derechos de la ciudadanía romana. Sila suprimió los últimos intentos nacionales, hizo ejecutar a los ciudadanos principales, destruyó sus ciudades y repartió sus tierras. De este modo terminó, después de diez ss., la nación etrusca. Sus restos más importantes se encuentran en Toscana, especialmente en Cerveteri y Tarquinia. También en Bolonia y Capua.