Enómao es un rey de Pisa (Élide), hijo de Ares y de una de las hijas del dios-río Asopo llamada Harpina (o Eurítoe), o bien de la pléyade Estérope. A veces se le atribuye por padre al héroe Hipéroco. De su unión con Estérope, o con Evarete, hija de Acrisio, tuvo una hija, Hipodamía, la cual era muy solicitada, y Enómao se negaba sistemáticamente a otorgar su mano. Quizás él estuviera enamorado de ella, tal vez un oráculo le había predicho que moriría a manos de su yerno; tales son las explicaciones propuestas por los mitógrafos. Para eliminar a los pretendientes, había ideado la siguiente estratagema: todo el que quería casarse con Hipodamía, debía contender con él en la carrera de carros. Antes de montar en el suyo, Enómao sacrificaba un carnero a Zeus, y, mientras tanto, el pretendiente iniciaba la carrera, cuya meta era el altar de Posidón, en Corinto. Terminado el sacrificio, Enómao se lanzaba a su vez y no tardaba en alcanzar a su rival, al que daba muerte. En efecto, sus caballos eran divinos, y se los había regalado Ares; por eso ningún tiro ordinario podía esperar conseguir la victoria sobre ellos. Enómao había vencido ya doce veces y clavado en la puerta de su mansión las doce cabezas de los desgraciados contendientes, cuando se presentó Pélope. Hipodamía se enamoró de él y lo ayudó a sobornar a Mirtilo, auriga de su padre. Éste dispuso las cosas de manera que durante la carrera el eje del carro de Enómao se rompiese. El propio Enómao, enredado en las riendas, fue arrastrado por los caballos. O bien fue muerto por Pélope. O bien Enómao, creyendo cumplido lo que dijo el oráculo, se dio la muerte. Sea como fuere, no sobrevivió a su derrota (Ver, Hipodamía y Pélope). Los mitógrafos citan a los doce (o trece) pretendientes inmolados por Enómao: Mermno, Hipótoo, Euríloco, Automedonte, Pélope de Opunte, Acarnán, Eurímaco, Portaón, Aristómaco y Crótalo. Ver, Taraxipo.