o Lysandros (ss. V-IV a.C.). Espartano de familia venida a menos, que se convirtió en favorito y amante de Agesilao II, el hijo menor del rey Arquidamo II. Era un soldado capaz y fue nombrado navarca de la flota espartana en Jonia (408), restauró la eficacia naval peloponesia, se ganó la amistad y ayuda económica de Ciro el Joven, hijo del rey persa Darío II y virrey de Asia Menor, y derrotó en Notion a la escuadra ateniense aprovechando la ausencia de Alcibíades (407), con lo que provocó la caída de éste. Su actuación en la última etapa de la Guerra del Peloponeso fue definitiva para la caída de Atenas. Tras los contratiempos del 406, provocados por la ineficacia de Calicrátidas que fue batido en las islas Arginusas por Conon, él fue designado (405) segundo comandante de la flota, aunque de hecho era su almirante, y enviado a Jonia a instancias de los aliados como epistoleo del navarca Araco, consiguió una nueva flota gracias a los subsidios persas y con ella bloqueó el Helesponto y destruyó a la armada ateniense en Egospótamos (405), ejecutando a 3.000 prisioneros. A continuación liquidó los restos del potencial marítimo enemigo y bloqueó El Pireo, consiguiendo finalmente la capitulación de Atenas y con ello el fin de la guerra del Peloponeso (404). Se negó a destruirla y se limitó a arrasar las Largas Murallas. En Atenas, Lisandro apoyó el establecimiento de una oligarquía radical, los llamados "treinta tiranos", y mediante el sistema de las decarquías (diez hombres de tendencia oligárquica), puso la mayor parte de las ciudades hasta entonces aliadas de Atenas bajo el dominio de sus partidarios, reforzados con los harmostes espartanos. Lisandro se encontraba entonces en la cumbre de su poder, siendo el verdadero árbitro de la política de Esparta, y con una aureola de prestigio que se tradujo en la concesión de honores divinos, la primera vez que sucedía en Grecia con un hombre todavía vivo: así en Delfos su estatua se alzaba junto a las de los dioses, y en Samos, donde Lisandro reinstaló a los oligarcas, las fiestas de la diosa Hera tomaron el nombre de Lysandreia. Sin embargo, tal prepotencia le enajenó el favor del gobierno espartano, y sobre todo del rey Pausanias II, quien alteró su política propiciando la restauración de la democracia en Atenas y modificando el sistema de las decarquías. Sus intentos por recuperar una posición autocrática, a través de los oráculos de Delfos y Dodona, y por introducir en Esparta una monarquía electiva fracasaron por completo. En el año 399 ayudó a Agesilao II a ser rey a la muerte de Agis II en el 398, en contra de los derechos de Leotíquidas. Agesilao se volvió celoso del prestigio de Lisandro y obstaculizó sus esfuerzos por restaurar las decarquías. Envió a Lisandro al Helesponto, en donde, junto con un persa rebelde llamado Espitrídates, realizó incursiones sobre la satrapía de Farnabazo. Lisandro regresó a Esparta en el 395 y a finales de año, cuando comenzó la Guerra Corintia, avanzó hacia Grecia central, reclutó tropas de Fócide y Traquis, y atacó a los beocios en Haliarto; pero fue capturado y ejecutado por una fuerza tebana (395). Su temeridad había provocado el fallo de la estrategia espartana, y Pausanias tuvo que retirarse de forma ignominiosa.