o Faunus. Fauno parece haber sido un antiquísimo dios romano, cuyo culto estuvo localizado en el mismo Palatino o en sus más inmediatos alrededores. Por su nombre aparece como un dios bienhechor, "favorable" (qui fauet), protector particularmente de rebaños y pastores al que se acudía para consultar los oráculos, lo cual facilitó, bajo la influencia griega, su identificación con el dios arcadio Pan. Entonces sufrió la primera transformación. Suministró una "base" a la personalidad del rey Evandro, el Hombre Bueno, cuyo nombre podía pasar por la traducción del suyo, y permitió con ello que las leyendas de la inmigración de los arcadios en el lugar del Palatino se enraizaran en suelo romano. Sin embargo, Fauno iba perdiendo poco a poco su carácter de divinidad y era considerado como uno de los primeros reyes del Lacio, antes de la llegada de Eneas y los troyanos y con anterioridad, por tanto, a la fundación de la ciudad por Rómulo. A veces se le tiene por hijo de Circe y de Júpiter. Era sucesor del rey Pico (Picus). A él, le sucedió su hijo, o bien el hijo de Hércules, Latino. Con todo, la personalidad divina de Fauno subsistía, pero, de manera bastante curiosa, multiplicándose. Los faunos (fauni) son, en la época clásica, genios selváticos y campestres, compañeros de los pastores. Se les distingue de los sátiros helénicos y de los silvanos, por el género de sus ocupaciones, que se aproximan mucho a las de la agricultura. Su naturaleza es doble, mitad hombre, mitad cabra. Los poetas les pintan con cuernos de cabra o de macho cabrío, bajo la figura de este animal desde la cintura abajo, pero menos feos, mejor figura que la de los sátiros, y no tan brutales en sus amores. Aun que se les considera como semidioses, se creía que morían después de una larga vida. Les estaban consagrados el pino y el olivo silvestre. Se creía que se dejaba oir muy a menudo la voz de los faunos en el espesor de los bosques. El culto a Fauno comportaba, en su origen, la procesión de los Lupercos, en el curso de la cual unos jóvenes corrían medio desnudos, sin más vestido que. una piel de cabra, flagelando a las mujeres que encontraban, con correas de cuero fresco. Se creía que esta flagelación atraía la fecundidad sobre las víctimas. Acerca de otras leyendas de Fauno, ver, Bona Dea, Fauna, Sátiro. Ver, Evandro, Ficarii, Faunalias.