Publio Cornelio (Publius Cornelius Scipio Africanus) (236-183 a.C.). Conocido como el Africano, fue hijo de Escipión, el cónsul del 218 y hermano mayor de Escipión el Asiático. Escipión el Africano fue el más grande general romano de la Segunda Guerra Púnica. Estuvo presente en la batalla de Ticino en el 218, donde salvó la vida de su padre herido. Escipión el Africano era tribuno militar en la desastrosa derrota de Cannas en el 216 y jugó un importante papel en la recuperación de la moral de los supervivientes en Canusium. Tras servir como edil en el 213, fue votado unánimemente por el pueblo en el 210 para que ejerciera un mando en Hispania como procónsul, a pesar de no haber desempeñado ningún cargo superior. Escipión el Africano retomó la audaz política de su padre de llevar la guerra hasta el enemigo. En el 209 conquistó Cartago Nova (Cartagena), la base principal de los enemigos y su depósito, con una jugada brillante, enviando a sus hombres a atravesar una laguna que, según le habían dicho, era menos profunda con marea baja, para así tomar las murallas desprotegidas. Tras pasar el invierno reconciliándose con los habitantes de Hispania, hizo marchar su ejército, aumentado con reclutas hispanos, hasta Asdrúbal, en Baecula (Bailén), atacó el campamento de este y libró una batalla con tácticas poco ortodoxas, dividiendo su infantería para atacar así los flancos de Asdrúbal. Escipión el Africano obtuvo una rotunda victoria y fue aclamado imperator por sus tropas. Asdrúbal escapó con lo que quedaba de su ejército (reforzado más tarde con tropas del ejército de Magón) y sus elefantes por el norte hasta los Pirineos, deseando llegar hasta Italia y reforzar a su hermano Aníbal. Escipión el Africano decidió no perseguirlo y concentrarse en los otros dos ejércitos cartagineses que permanecían en Hispania. Tras otros éxitos más, Escipión el Africano se enfrentó a los ejércitos de Magón y de Asdrúbal, el hijo de Giscón, en Ilipa, cerca de Sevilla: allí los aplastó en dos batallas. Los generales huyeron e Hispania quedó libre del poder púnico. Escipión el Africano navegó hasta Numidia para llevar a cabo negociaciones, que fracasaron, con Sifax, rey de los massaesilios númidas. Durante las operaciones de limpieza, Escipión el Africano cayó enfermo y las tropas apostadas en el campamento de Sucro se amotinaron: Escipión se recuperó, ejecutó a los cabecillas y se ganó de nuevo la lealtad del resto. Cerca de Cádiz se entrevistó en secreto con Masinisa, el gobernante exiliado de un pequeño reino en el este de Numidia, y se ganó su alianza para Roma. Escipión el Africano fundó la colonia de Itálica cerca de Sevilla. Tras su regreso a Roma, y a pesar de no tener todavía la edad ni la cualificación, Escipión el Africano fue elegido cónsul para el 205 y propuso llevar la guerra a África. Contra la oposición de los veteranos consulares Quinto Fabio Máximo Cunctator y Quinto Fulvio Flaco, se le asignó la provincia de Sicilia y se le concedió permiso para invadir África si se presentaba la oportunidad. Pero no se le concedió el poder para reclutar tropas, y tuvo que confiar en los voluntarios. Tras adiestrar a su ejército en Sicilia, en su viaje de vuelta reconquistó el pueblo de Locri, en la Italia meridional, de manos de Aníbal e instaló allí como gobernador al vicioso Pleminto, por lo que fue más tarde severamente criticado por el Senado. Escipión el Africano, con el rango de procónsul, invadió África en el 204 con unos 35.000 hombres, asedió la ciudad de Útica y construyó su campamento de invierno en un promontorio cercano, mientras sus enemigos Sifax y Asdrúbal descansaban a poca distancia hacia el sur. En la primavera siguiente, Escipión el Africano tuvo éxito al atacar y quemar los campamentos de aquellos y mató a un gran número de tropas cartaginesas. Obtuvo una nueva victoria aplastante sobre Asdrúbal y Sifax en los Campi Magni, en el valle del Bagradas, colocando a Masinisa en Cirta en el trono de Numidia y capturando Tunis. A pesar de perder unos sesenta barcos de transporte mientras intentaba evitar el ataque cartaginés contra su flota en Utica, los cartagineses le mostraron su disponibilidad a llegar a un acuerdo. Se pactó un armisticio y el Senado acordó un tratado de paz que los cartagineses aceptaron, aunque reclamaron la vuelta de Aníbal y Magón en contra de los términos del tratado. Aníbal regresó a África la primavera siguiente (202) desembarcando en Lepcis: una parte de los cartagineses estaba dispuesta a romper el tratado y poco después los cartagineses atacaron los barcos romanos y maltrataron a los embajadores que Escipión envió para protestar. Aníbal avanzó desde el sur, pero aunque tenía un gran número de elefantes, Escipión estaba equipado ahora con la excelente caballería de Masinisa. La batalla de Zama Regia (19 de octubre) mostró en primer lugar el equilibrio de las infanterías, pero la caballería romana y númida atacó la retaguardia púnica y Escipión acabó con las fuerzas de Aníbal del mismo modo que este había masacrado a los romanos en Cannas. Escipión obtuvo un triunfo y el sobrenombre de "el Africano". Escipión fue elegido censor en el 199 y se convirtió en el líder del Senado (Princeps Senatus), una posición extraordinaria para un hombre tan joven, y en la que fue confirmado por sus sucesores en la censura. En el 195 intentó en vano defender a Aníbal de las acusaciones cartaginesas ante el Senado de entrometerse en los asuntos orientales. Escipión el Africano fue elegido para un segundo consulado en el 194, cuando, temeroso de una invasión por parte de Antíoco III, se opuso a la decisión de retirar las fuerzas romanas de Grecia. Escipión deseaba ser nombrado sucesor de Flaminino como comandante en Grecia, pero el Senado se negó: se tuvo que contentar con una campaña en la Galia Cisalpina. En el 193, el Senado lo envió al norte de África para negociar un arreglo entre Masinisa y Cartago, pero esta tarea no era de su agrado y no llegó a ningún acuerdo. En el 190, su hermano Lucio Escipión el Asiático, el cónsul, fue enviado para solucionar los asuntos con Antíoco, y Escipión el Africano se ofreció voluntariamente a acompañarlo como su legado, aunque en la práctica era él el comandante. Rechazó un soborno de Antíoco para garantizar unos términos de paz favorables, pero el rey le devolvió a su hijo Lucio Escipión, prisionero de guerra. Tras cruzar Asia con su hermano, el Africano cayó enfermo y no participó en la batalla de Magnesia, pero fue invitado por su hermano a dirigir las negociaciones con Antíoco. En Roma, la familia de los Escipiones y sus asociados se encontraban ahora bajo el persistente ataque de sus oponentes, liderados por M. Porcio Catón, que acusó ante los tribunales a varios miembros de la familia por corrupción, aunque los detalles de los juicios se han perdido. Así, en el 187 Catón acusó a Lucio Escipión el Asiático ante la Asamblea de haberse apropiado indebidamente de parte de la indemnización de guerra pagada por Antíoco, pero Escipión el Africano puso fin rápidamente al proceso con un discurso. En el 184, Catón como censor expulsó a Lucio del Senado y del orden ecuestre: Escipión el Africano tomó esto como un insulto personal y abandonó Roma en un exilio autoimpuesto en Liternum, en Campania, donde murió al año siguiente. Publio Escipión el Africano era una poderosa figura que daba lo mejor de sí en el contexto de la guerra, donde demostró una gran capacidad resolutiva, instinto e imaginación. Era un hombre comprensivo que trataba bien a sus subordinados y que se ganó el afecto de sus tropas e incluso, por su trato generoso, el de alguno de sus enemigos. Escipión el Africano era filoheleno, pero al mismo tiempo un gran patriota. Sus reformas del ejército romano, convirtiéndolo en una fuerza semiprofesional capaz de ser utilizada lejos, en ultramar, fueron formidables. Tenía una fuerte conciencia de su destino divino, viéndose quizá como especialmente bendecido por Júpiter, pero no mostró ninguna ambición de exceder los poderes de un cónsul y general de la república, ni amenazó el poder de sus compañeros nobles. Escipión el Africano encontró frustrante la política en tiempos de paz, tuvo menos éxito en la vida política y se convirtió en víctima de la envidia de hombres inferiores.