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Página 909 - 1322 Palabras 45401 al 45450 de 66095

Palabra   |   Descripción

Decurión

Ver, Decuriones (miembros del consejo municipal (curia) en las ciudades provinciales. En el grupo de los hombres libres, seguían al orden ecuestre y eran ….).

Decurio

Oficial de caballería de las unidades montadas auxiliares del ejército romano, al mando de una turma o escuadrón de 30 jinetes. Aunque los jinetes de un Ala o de una Cohorte equitata eran habitualmente no ciudadanos romanos (peregrina), los decuriones siempre eran ciudadanos romanos, procedentes habitualmente de los rangos de suboficiales de las legiones. En un Ala quinquagenaria había 12 decuriones, en un Ala milliaria 24, en una Cohors equitata quinquagenaria 4, y en una Cohors equitata milliaria 8, y siempre estaban a las órdenes directas del Praefectus alae o del Praefectus cohortis.

Decurias

Las diez porciones en que estaba dividida la antigua curia romana. Era la división habitual de todas las corporaciones, desde el Senado a los distintos gremios profesionales.

Decuriae iudicum

Grupo o relación de jueces o árbitros. Originariamente estaba formado por tres decuriae: senadores, caballeros y tribunos del erario. El número de decuriae se aumentó a cinco y se limitó a los caballeros, en la reorganización de Augusto.

Decuriae

Unidad de medida romana que se aplica a la civitas de los pueblos nativos. Era una división de los pueblos originarios, como indicación de su tamaño. El término es usado por Plinio el Viejo en su Historia Natural.

Decuriae

Listas de posibles jueces en Roma compuestas por senadores y equites que eran elaboradas por el pretor para el año de su magistratura. Cada una tenía 300 nombres, y para entrar a formar parte de la misma se requería una edad mínima de treinta años y no hallarse en el desempeño de ninguna magistratura.

Decuria

)o()o( En la antigua milicia romana, escuadra de diez soldados. )o()o( Las curiae se componían de 10 decurias. )o()o( Unidades militares de caballería. )o()o( Grupo de senadores. )o()o( Categoría de funcionarios imperiales de la ciudad de Roma con competencias fiscales.

Decunx

Óbolo de plata de sistema ático, en Siracusa.

Decunx

Moneda de cuenta romana, que valía 10/12 de as.

Decumanus maximus

Decumano máximo ((decimanus o decumanus, de decima, la décima parte). Calle principal de una ciudad o campamento romanos, que los recorre longitudinalmente de este a oeste).

Decumano máximo

o Decumanus maximus (decimanus o decumanus, de decima, la décima parte). Calle principal de una ciudad o campamento romanos, que los recorre longitudinalmente de este a oeste. Se contrapone al cardo máximo, que iba de norte a sur. Ver, Castrum, Castra.

Decumana

Puerta. Puerta situada al extremo del decumano máximo.

Decuma

Impuesto romano. La decuma (diezmo) era un impuesto sobre la tierra agrícola que ascendía al 10 por 100 del producto anual. En teoría los ciudadanos romanos que ocupaban ager publicus tenían que pagar la decuma, aunque en la práctica con frecuencia no se recaudaba. Los impuestos de algunas provincias (Asia, Sicilia) también adoptaron la forma de la decuma. La recaudaban publicanos que pagaban una suma acordada al tesoro y asumían el riesgo de recaudar un impuesto variable.

Decuma

Una de las tres Parcas latinas, que más tarde fue llamada Fata.

Decuaria

Petuaria (asentamiento britano de la tribu celta de los parisios, situado en la ribera norte del estuario Humber).

Decriano

Arquitecto romano que vivió a principios del siglo II. Adriano le encargó quitar el coloso de Nerón colocado delante del palacio imperial, operación en que aseguran empleó veinticuatro elefantes.

Decretum XV virum sacris faciundis

Decreto de los decuriones de Cumas del año 289 a.C., que crea un colegio sacerdotal.

Decretum proconsulis sardiniae de finibus

(Decretum proconsulis sardiniae de finibus patuloensium et galillensium). Decreto del procónsul de Cerdeña, Lucio Helvio Agripa, del año 69, que resuelve la controversia sobre los límites existentes entre los pueblos de los patulocenses y los galilenses. La tabla de bronce fue descubierta en Cerdeña en 1.866 y se conserva en Sassari.

Decretum proconsulis hispaniae ulterioris

Decreto del procónsul de la España Ulterior, Paulo Lucio Emilio, declarando libres y propietarios a los habitantes de la torre Lascutana, vasallos de los hastenses. Fue descubierto en Alcalá de los Gazules en 1.867 y se conserva en París. Ver, Lascuta.

Decretum pontificum

Decreto de los pontífices romanos, en una inscripción descubierta en Terracina, que se exigía para la exhumación y traslado de un cadáver. También se exigía el permiso de los tribunos en la ciudad, y de los gobernadores en las provincias.

Decretum M. Aurelii et Commodi

Decreto de los emperadores Marco Aurelio y Commodo, dictado entre los años 177 y 180, por el que se resolvían las controversias entre los mercatores y mancipes.

Decretum divi marci

Decreto del emperador Marco Aurelio que castigaba con la pérdida de su crédito al acreedor que, aun sin usar violencia, se apoderase de bienes del deudor para cobrarse.

Decretos Trilíngües Ptolemaicos

Como medida de control, los primeros Lágidas obligaron al clero egipcio a reunirse en sínodo anualmente en Alejandría. Los sacerdotes y sus templos, además de constituir el poso del antiguo saber faraónico, poseían un gran porcentaje de los terrenos cultivables de Egipto, con el consiguiente poderío ideológico y económico que ello suponía. Denota su importancia el hecho de que el clero fue el único sector que conservó prácticamente intactos sus privilegios debido, claro está, a que los gobernantes se percataron acertadamente de que su apoyo era necesario para la estabilidad del país. El resultado de los sínodos alejandrinos, que posiblemente se hicieran en el templo dedicado a Serapis, se daba a conocer por medio de los "Decretos Trilíngües", constituyendo el soporte publicitario del gobernante. Es lógico suponer que debieron de ser abundantes; buena prueba de ello son los numerosos fragmentos que se han descubierto, dado su carácter propagandístico, y que se realizaron hasta época romana. Fueron denominados así porque eran redactados en egipcio jeroglífico, demótico (lengua egipcia viva) y griego, las tres lenguas vivas del país en ese momento, de tal forma que llegasen a la totalidad de la heterogénea población egipcia. Los principales son los de Canope y de Menfis. Un ejemplar de este último, llamado piedra de Rosetta, permitió descifrar los jeroglíficos.

Decreto de Menfis

El 27 de marzo del 196 fue promulgado el decreto de Menfis, el cual se ha hecho especialmente popular debido a que uno de los monumentos que lo ha conservado es la famosa Piedra de Rosetta que sirvió a Champollion para descifrar los jeroglificos. Este Decreto fue, pues, promulgado bajo presiones socioeconómicas radicalmente distintas a las vigentes cuando se promulgó el Decreto de Canopo, por ejemplo, y en este sentido es significativo que esta vez el sínodo sacerdotal se reuniese precisamente en el templo de Ptah en Menfis. En el Decreto allí promulgado, se concedían una serie de honores a Ptolomeo V, en recompensa por los grandes servicios que había prestado a Egipto y entre los que se enumeraban una serie de exenciones y privilegios fiscales concedidos a los templos. En estas circunstancias, resulta perfectamente comprensible que fuesen los sacerdotes quienes impusieran su dictado a la cancillería real, ya que se ha podido demostrar que el Decreto fue redactado originariamente en egipcio y después traducido al griego, contrariamente a lo que sabemos del Decreto de Canopo. Al respecto, es asimismo significativo que, mientras que el Decreto de Canopo no contenía protocolo faraónico alguno, en cambio el Decreto de Menfis contiene el protocolo completo de Ptolomeo V en tanto que faraón, el cual fue rigurosamente traducido al griego. Veamos a continuación dicho protocolo vertido al griego: "Bajo el reinado del Joven, Que ha heredado la realeza de su padre, Señor de las Coronas, Cubierto de Gloria, Que ha establecido el orden en Egipto, Piadoso con los dioses, Superior a sus adversarios, Que ha mejorado la vida de los hombres, Señor de las Triacontaeterides como Hefesto el Grande, Rey como el Sol, Gran Rey de las regiones superiores e inferiores; Nacido de los Dioses Filopátores; Aprobado por Hefesto; A Quien el sol ha dado la victoria; Imagen viviente de Zeus, Hijo del Sol, Ptolomeo, Que vive etemamente, Amado de Ptah". Ver, Decretos Trilingües Ptolemaicos.

Decreto de Canopo

Promulgado por Ptolomeo III, implantaba de uso obligatono en todo Egipto el calendario solar. El calendario solar, invención egipcia de época predinástica basado en el año de 365 días, era netamente superior a los multiples calendarios griegos contemporáneos y por esta razón Ptolomeo lII lo impuso a todos sus súbditos, fuese cual fuese su nacionalidad de origen. Pero al mismo tiempo este calendario precisaba de una corrección, que era la introducción de los años bisiestos, es decir, la introducción de un día cada 4 años, que evitase el gradual alejamiento del calendario oficial egipcio respecto del año solar real, desplazamiento que había dado origen a los ciclos sotíacos. El cálculo de la corrección necesaria para evitar el desplazamiento del año oficial ya había sido realizado por los sacerdotes egipcios, quienes sin embargo no lo habían llevado jamás a la práctica por puro tradicionalismo. Sería, pues, la voluntad real de Ptolomeo III la que intentaría zanjar la cuestión mediante la aplicación de la solución más racional. Que ello fue así lo demuestra el hecho de que el Decreto de Canopo fue uno de los primeros decretos trilingües promulgados por los Lágidas, llamados así porque eran promulgados en jeroglíficos, en demótico y en griego, y lo demuestra además que el texto del decreto fue redactado originariamente en griego y ulteriormente traducido en jeroglificos y en demótico, es decir, vertido al egipcio. A pesar del Decreto de Canopo, la reforma del calendario egipcio no llegó a aplicarse. La decadencia de la Dinastía Lágida impidió llevarlo a la práctica en su momento, y la reforma de Ptolomeo III quedó en el olvido hasta que, dos ss. más tarde, otro brillante estadista, Julio César, se encargaría de promoverla definitivamente y no sólo en Egipto sino en todo el orbe romano.

Decreto

Resolución del Senado romano que, a pesar de carecer de la fuerza de una ley, se hacía para aconsejar a los magistrados, que, como miembros de ese orden, debían obedecer el decreto. Una vez que se había ejecutado, tenía fuerza de ley, a menos que fuera vetado por un magistrado competente, como un tribuno. Durante el reinado de Adriano y a partir de entonces, algunos decretos obtuvieron inmediatamente la fuerza de leyes. El "decreto último" ordenaba a los cónsules que velaran para que la república no sufriera ningún daño y, tras su creación por Lucio Opimio para enfrentarse a Gayo Graco, se consideraba que concedía poderes de emergencia a los cónsules, incluido el de la vida o la muerte.

Decreta frontiana

Obra atribuida al jurista Titius Aristo, que contenía una colección de decretos imperiales.

Decreta

En la legislación imperial romana, sentencias de justicia. Ver, Edicta, Rescripta, Mandata.

Declana

Localidad de la Hispania romana. Hoy, hacia Mas Románs, al sur de La Jonquera, provincia de Girona, comunidad autónoma de Cataluña, España.

Declamationes

Ejercicios desarrollados en las escuelas de retórica romanas consistentes en la exposición de un tema inventado que muchas veces resultaba inverosímil y que servían como entrenamiento de los futuros oradores.

Decios

Familia insigne de Roma. Según la tradición, dos miembros de la familia de los Decios, padre e hijo, se ofrecieron en sacrificio por la victoria de Roma, el primero en la guerra latina (341 a.C.), el segundo en la guerra samnítica (296 a.C.).

Decio

Jubelio (siglo III a.C.). General campaniano, murió hacia el año 270 a.C.. El senado le envió a defender la ciudad de Regio con una legión de soldados campanios, que en unión con su jefe saquearon la ciudad, mataron o expulsaron a los hombres y se apoderaron de las mujeres. Condenada su conducta por el Senado, Decio se declaró independiente; pero habiendo enfermado de la vista y enviado a buscar un médico a Mesina, vino un antiguo habitante de Regio, que fingiéndose médico le aplicó un emplasto corrosivo que le dejó ciego; atacado poco después por las tropas romanas, fue vencido y preso y conducido a Roma, donde se suicidó en la prisión.

Decio

Gayo Mesio Quinto Decio Trajano (Caius Messius Quintus Decius Traianus) (siglo III). Emperador romano (249-251) nacido en el 201 cerca de Sirmio (Belgrado). Aunque de origen ilirio era descendiente de una familia senatorial itálica. Decio gobernó la Baja Mesia del 234 al 238 y fue más tarde nombrado prefecto urbano de Roma. Cuando el emperador Felipe el Árabe (Filipo I) lo envió en el 249 a restablecer el orden entre las tropas de la frontera del Danubio, Decio fue obligado por los soldados a aceptar el título imperial. Decio invadió el norte de Italia y derrotó a Filipo en Verona, matándolo a él y a su hijo. Como otros emperadores, en menos de dos años de gobierno fue capaz de restablecer eventualmente la situación política del Imperio, aunque para ello fuera necesario hacer concesiones a los intereses políticos e ideológicos de la aristocracia senatorial tradicional. En su obra política destacan su empeño en recuperar la tradición romana, llegando incluso a acuñar moneda con la efigie de "Trajano" y su voluntad de devolver el protagonismo político al Senado, al que habría reservado las más importantes atribuciones civiles en manos del princeps senatus Licinio Valeriano, el futuro emperador. Como signo de estabilidad proclamó "césares" a sus hijos Herennio Etrusco y Hostiliano en 250 y elevó al primero a "augusto" al año siguiente poco antes de su muerte combatiendo contra los godos y carpos en la frontera danubiana, campaña en la que él mismo murió en Beroe, en junio del 251. Pero el aspecto más conocido de la política de Decio es sin duda su célebre edicto de persecución general contra los cristianos, que, no obstante, afectó sobre todo a las grandes ciudades donde existían minorías importantes en torno a ilustres intelectuales: el papa Fabiano, en Roma; Cipriano, en Cartago; Orígenes, en Alejandría. La persecución, que apenas duró un año (de enero del 250 a comienzos del 251), obligaba a realizar sacrificios a los dioses paganos so pena de aprisionamiento, confiscación, tortura e incluso ejecución de los obstinados en hacer caso omiso de las órdenes imperiales. Por estas fechas Decio tuvo que soportar el levantamiento de Julio Valente Liciniano en Roma, por lo que también sería ejecutado. No obstante, después de su muerte sería consagrado divus por el Senado. Le sucedió Galo, Treboniano.

Decinos

Hijo de Marte, considerado como la personificación del terror.

Decineo

Famoso adivino.

Décima

En la mitología romana, es la segunda de las Tres Parcas. Determina el futuro de las personas, siendo quien decide el largo del hilo de cada una de las vidas humanas. Su oficio era el preservar el feto de todo accidente, cuando estaba en el décimo mes. En la mitología griega corresponde a Láquesis. Ver, Nona, Partula.

Decietas

Pueblo de Liguria que podía ser vecino de los ojibios, pero del que se desconoce su ubicación.

Deciens

Ver, Sestercio (moneda romana, cuarta parte del denario de plata desde el 268 a.C. y equivalía a dos ases y medio (dupondius et semis tertius). Llamado también nummus (moneda), constituía la ….).

Deciatum

Ver, Deciates (tribu de Liguria que habitaba la Galia Narbonense).

Deciates

o Deciatae. Tribu de Liguria que habitaba la Galia Narbonense, al oeste de la región de Var. Sus vecinos en el oeste fueron los oxybii. Ptolomeo hace de Antípolis (Antibes), la principal ciudad de los deciates, pero si esto era así en sus tiempos, no era así en fechas anteriores, ya que Antípolis fue un asentamiento griego. Antípolis, sin embargo, pudo haber sido fundada en el país de los deciates, que ocuparon las vías a lo largo de la costa entre la ciudad y del río Var, y fueron en consecuencia, el pueblo más cercano a Italia en la Galia Transalpina. Tito Livio también incluyó a los deciates entre los ligures transalpinos. Polibio habla de los deciates como un pueblo de Liguria, y cuenta cómo los ligures sitiaron Antípolis y Nicea, y los masaliotas se dirigieron a Roma en busca de ayuda. Los romanos enviaron algunos comisionados, que llegaron a Aegitna, en el territorio de los oxybii, pero éstos, que habían oído que venían a dar órdenes para hacerles desistir del asedio, hirieron a uno de los comisionados. Los romanos enviaron al cónsul P. Opimius con un ejército, que derrotó a los oxybii y los deciates, y dio parte de su país a los masaliotas (154 a.C.). Según Floro, los deciates estaban de nuevo en armas con los salyes en 125 a.C., pero fueron derrotados por el cónsul M. Fulvio Flaco. Una de sus ciudades fue el oppidum Deciatum, que no era Antibes.

Deciatae

Deciates (tribu de Liguria que habitaba la Galia Narbonense).

Deciangli

Deceangos (una de las tribus celtas que habitaron en Britannia antes de la conquista romana de la isla).

Deciana

Una de las ciudades de la tribu ibera de los indigetes y una de las etapas de la Via Domitia. Hoy, próxima a La Junquera, provincia de Girona, comunidad autónoma de Cataluña, España.

Decia

Mopsuestia (ciudad del Imperio romano en la zona oriental de Cilicia).

Dechtire

En la mitología celta, hermana del rey Conchobar, esposa de Lug y madre del héroe Cuchulain.

Decetia

Deccidae (oppidum de los eduos en Galia Lugdunensis).

Decessor

En latín, predecesor en un cargo. Opuesto a sucessor.

Deceres

Ver, Octere (buque de guerra), Embarcaciones.

Decenviros

o Decemviri. En virtud de la moción del tribuno romano Cayo Terentilio Arsa, se nombró una comisión de cinco ciudadanos (quinque viri) con el encargo de reunir en un solo cuerpo de derecho civil las leyes a las que los cónsules debían sujetarse cuando hiciesen justicia en el porvenir. Diez años transcurrieron antes de que la moción pudiera ejecutarse; diez años de combates encarnizados entre los órdenes, de trastornos interiores o de guerras en el exterior. La obstinación era igual por ambas partes: el partido gobernante impedía a toda costa que el proyecto de ley se pusiese en ejecución, y el pueblo se empeñaba en nombrar siempre a los mismos hombres para el cargo de tribunos. Con todo, se hicieron concesiones para restablecer la paz. En el año 457 a.C. el número de los tribunos fue elevado a diez. Al año siguiente, el plebiscito Iciliano, que se cuenta entre los privilegios asegurados al pueblo bajo la fe del juramento, ordenó que el Aventino, hasta entonces consagrado al culto e inhabitado, se dividiera en solares y se diera a título hereditario a los ciudadanos más pobres. El pueblo tomó lo que se le daba, y después continuó pidiendo leyes. Por último, en el año 454 a.C. se pusieron de acuerdo en esta cuestión: debía procederse a la redacción del código. Para ello una embajada marchó inmediatamente a la Grecia para estudiar y traer de allí las leyes de Solón y las de los demás legisladores helénicos. Al regreso de los embajadores, hacia el año 451 a.C., se nombraron diez nobles (decenviros) con la misión de redactar las leyes romanas, que tuvieron la autoridad suprema en lugar de los cónsules (decemviri consulari imperio legibus scribundis). Se suspendió el tribunado así como el recurso de apelación, y los nuevos magistrados solo se obligaron a no atentar contra las libertades juradas por el pueblo. Si se examina a fondo todas estas medidas no se halla en ellas otro objeto principal que la limitación del poder consular por el texto de la ley escrita. Parece que se convencieron de la imposibilidad de prolongar una situación en la que la anarquía oficial y permanente conducía por fuerza a la ruina del Estado, sin provecho para nadie. Las intromisiones de los tribunos en la administración y las acusaciones continuas que dirigían contra los funcionarios eran la fuente de un mal incesante. El único beneficio que hubieran podido hacer al pequeño ciudadano era haberle dado un recurso contra la justicia parcial y apasionada del patriciado, en tanto tenían a raya la arbitrariedad de la alta magistratura como si fueran una especie de tribunal de casación. No hay duda de que al conceder a los plebeyos la redacción de un código de leyes, los patricios debieron exigir a cambio la abolición del tribunado. En efecto, todo parece indicar la existencia de un convenio de esta naturaleza entre los dos partidos. ¿Cómo debían arreglarse las cosas después de la publicación del código?. No se sabe con certeza; pudo suceder muy bien que el compromiso no quedase precisado claramente. Hay que suponer que, al retirarse los decenviros, debían proponer al pueblo que renunciase a sus tribunos, dando en adelante a los cónsules una competencia jurisdiccional, no arbitraria como otras veces, sino determinada por la letra de la ley escrita. Si ha existido semejante plan, era sabio; pero ¿podrían los espíritus agitados por la pasión política aceptar el arbitraje de la paz?. Los decenviros del año 451 a.C. llevaron su proyecto de ley ante el pueblo, que lo votó, y quiso que se grabase en diez tablas de bronce y después fuese clavado en el Forum, en la tribuna de las arengas, delante de la curia. Sin embargo, como otras adiciones parecieron necesarias, se eligieron nuevos decenviros para el año 450 a.C., quienes debían completar la ley y redactar dos tablas suplementarias. Así se promulgó la famosa Ley de las Doce Tablas, el primero y el único código de Roma. Procedente, como se ve, de una transacción de los dos partidos, no trajo al derecho preexistente innovaciones muy profundas que superasen, en cuanto a reglarnentos de policía, la medida de las necesidades del momento. En materia de crédito, por ejemplo, las Doce Tablas se contentan con dulcificar la suerte del deudor, fijando una tasa muy baja, al parecer, para el máximo del interés de los capitales (10%), y amenazando al usurero con una pena severa, más severa aún que la pena del robo. Este es uno de sus rasgos característicos. Pero los rigores del procedimiento no se modificaron en sus principales formalidades, así como tampoco cambiaron el estado y el derecho de los diversos órdenes. Los domiciliados se distinguieron siempre de los transeúntes, y se prohibieron de nuevo los matrimonios entre nobles y plebeyos. Por último, para circunscribir los antes arbitrarios poderes del magistrado y para asegurar al pueblo las garantías que le habían sido dadas, se escribió expresamente que la ley antigua cedía a la ley nueva y que no se votaría plebiscito alguno contra un solo individuo. Otra disposición no menos notable, la apelación al pueblo reunido por tribus, fue también prohibida en materia capital. Quedó vigente la apelación ante la asamblea por centurias, lo que se explica perfectamente por la supresión de la potestad tribunicia y, por consiguiente, de la jurisdicción criminal de los tribunos. La importancia política de las Doce Tablas reside, pues, menos en las innovaciones de su texto que en la obligación expresamente impuesta a los cónsules de seguir en el porvenir todas las formalidades y reglas de un derecho escrito. Por lo demás, este código, colocado al público en el Forum, va a someter la administración de justicia a la comprobación de una publicidad eficaz, y el magistrado se verá obligado a aplicar a todos una ley igual y común. Se había terminado la legislación de Roma; ahora solo restaba a los decenviros publicar las dos últimas tablas y restablecer después las magistraturas normales. Pero tardaban demasiado; y bajo el pretexto de que su ley adicional no estaba terminada, quisieron prolongar por sí mismos su permanencia en el cargo más allá del año. Esto era cosa admisible en derecho público, según el cual el magistrado nombrado por un tiempo determinado no cesaba en sus funciones hasta que no las había resignado formalmente. ¿Por qué razón obraban así los decenviros? Difícil es decirlo. Al continuar irregularmente en sus poderes no cedían solo a un móvil personal. El partido de los nobles temía sin duda que a la restauración del consulado el pueblo quisiera también unir la de sus tribunos, y debieron intentar diferir el nombramiento de los cónsules hasta el momento propicio en que se los pudiese desligar de las trabas de las Leyes Valerias. La fracción moderada de la aristocracia, los Valerios, con los Horacios a su cabeza, intentarían arrancar al Senado la deposición de los decenviros. Pero el principal de estos, el campeón ardiente de la facción de los ultra entre los nobles, supo también vencer en el Senado. El pueblo se sometió. Se levantó sin grave dificultad una leva que duplicó el ejército, y se comenzó la guerra contra los sabinos y los volscos. Pero, de repente, el antiguo tribuno Lucio Siccio Dentato, el soldado más valiente de Roma, que había peleado en ciento veinte batallas y mostraba en su cuerpo cuarenta y cinco gloriosas heridas, fue hallado muerto en el campamento, asesinado, se dice, a instigación de los decenviros. La revolución fermentaba en los espíritus y estalló inmediatamente. Se sabe de la inicua sentencia de Apio Claudio en el proceso de la hija del centurión Lucio Virginio, prometida al ex tribuno Lucio Icilio. Reivindicada como esclava por un supuesto adversario, Apio la condena y la arranca a su familia, quitándole sus derechos y su libertad. El padre entonces la sustrae a la deshonra que la esperaba, hundiéndole un puñal en el pecho en medio del Forum. Pero mientras el pueblo, estupefacto ante este hecho inaudito, rodea y contempla el cadáver de la hermosa víctima, el decenviro ordena a sus lictores que traigan al padre y al prometido que han osado infringir sus órdenes ante su tribunal, donde los juzgará sin apelación. La medida estaba ya colmada. Protegidos por el furor de las masas, escapan a los alguaciles del déspota; y mientras en Roma el Senado vacila y tiembla, ellos se presentan a los campamentos con numerosos testigos de la tragedia de la víspera. Refieren el crimen monstruoso de Apio: todos los ojos se abren, ven el abismo donde van a caer las nuevas garantías de la ley si el poder tribunicio no vela por su conservación, y los hijos rehacen ahora la obra de sus padres. Los ejércitos abandonan a sus generales y marchan sobre Roma, atraviesan militarmente la ciudad y van al Monte Sagrado, donde vuelven a nombrar a los tribunos. Pero como los decenviros se obstinan en no presentar su dimisión, los soldados nuevamente entran en Roma con sus tribunos a la cabeza, y acampan sobre el Aventino. ¡Es inminente la guerra civil, la guerra en las calles!. A última hora, en fin, los decenviros deponen los poderes que habían usurpado y que estaban deshonrando. Lucio Valerio y Marco Horacio fueron entonces los intermediarios para celebrar un nuevo pacto, según el cual se debía restablecer el tribunado. Perseguidos los decenviros, los dos más culpables, Apio Claudio y Espurio Oppio se quitaron la vida en su prisión; los ocho restantes fueron desterrados y sus bienes, confiscados. Las represalias amenazaban con ir más allá, pero un tribuno del pueblo, el sabio y honrado Marco Duilio, se interpuso; su veto detuvo todos los demás procesos. Tal es el relato de las crónicas, que como de costumbre refieren los hechos exteriores y dejan las causas en la oscuridad. No es creible que los actos injustos de algunos de los decenviros hayan por sí solos provocado la restauración del tribunado. Abolido este, los plebeyos perdían el único puesto político a que les era dado llegar. Sus jefes no habían renunciado formalmente a esta ventaja, y debieron aprovechar la primera ocasión que se les presentó para mostrar al pueblo la completa ineficacia de la letra muerta de la ley, comparada con la enérgica tutela del poder tribunicio. El insensato orgullo de los nobles, que elegían a los decenviros entre los más ardientes defensores de la facción aristocrática, precipitó la crisis. Y de esta forma, todos los planes de concordia se deshicieron como telas de araña ante el furor de los partidos. Ver, Conflicto patricio-plebeyo, Doce Tablas, Virginia.

Decenvirato

Empleo y dignidad de decenviro y tiempo que duraba.

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