Naturales de Fenicia. Aunque tradicionalmente la civilización fenicia suele adscribirse a un marco cronológico cuyos límites se fijan entre la invasión de los "Pueblos de Mar", ca.1.200 a.C., y las conquistas de Alejandro, ca.330 a.C., es indudable que el origen de este pueblo de origen semítico se remonta a comienzos del III milenio, si bien este primer período de su historia suele denominarse "época paleofenicia". Ubicados en una estrecha franja costera del Mediterráneo entre Siria y Palestina, su límite oriental no debió superar los cursos de los ríos Orontes y Jordán o, en todo caso, la cadena montañosa del Anti-Líbano. No obstante su apertura originaria al mar, el espacio fenicio constituye una región agrícola favorecida por la fértil llanura de la Bekaa, que permitía buenos cultivos de frutas y legumbres así como abundantes pastos para la cría de ganado. Sin embargo, desde época temprana la principal riqueza de esta región parece haber sido la explotación de la madera de sus abundantes bosques, particularmente de cedros, que proporcionaban una madera de calidad demandada por los estados vecinos; la ciudad de Biblos (antigua Gubla, hoy Djebeil) pasaría a la historia por su importante industria maderera y el comercio desarrollado en torno a ésta. Como Biblos, la mayor parte de las ciudades fenicias estaban ubicadas en el litoral o en islas próximas, como en el caso de Tiro, y a sus puertos llegaban todo tipo de productos, procedentes tanto de las rutas caravaneras que atravesaban el Próximo Oriente como del Mediterráneo, a través de Chipre, y el Egeo. Por esta razón, garantizado su desarrollo económico, estas ciudades autónomas, desde el punto de vista de su organización política, no tuvieron necesidad de constituirse en un estado-nación en torno a la figura de un rey que dominara políticamente sobre todas las poblaciones y ciudades del país. Tan sólo a comienzos del I milenio, cuando arameos y hebreos se han asentado en Siria y Palestina, respectivamente, las fuentes hablan de "reyes" en algunas de estas ciudades (Sidón, Tiro), aunque bien podría tratarse de "príncipes" locales que hubieran adquirido un cierto grado de hegemonía sobre otras ciudades vecinas. Pero la tradición que identifica "fenicios" y "sidonios", debida a Homero, no parece muy fiable. De hecho, dicho de una forma provocadora, los "fenicios" no existieron; como los "griegos", los habitantes de estas poblaciones se autodenominaban ciudadanos de Arvad, Biblos, Sarepta, Tiro, Sidón, etc. Es más, ni siquiera estas ciudades llegaron a organizarse en una auténtica "confederación", que, en el mundo próximo-oriental, fue en muchos casos el paso previo a la construcción de un estado territorial. A pesar de estas limitaciones de desarrollo político, las ciudades fenicias mantuvieron estrechos contactos con los estados e imperios de su entorno desde finales del III milenio: Ur III, Egipto, Mitanni, Hitita, Asirio, Babilonio, Persa, de tal modo que la historia política y económica de éstos incluye siempre las pretensiones de dominio o control sobre estos enclaves comerciales y estratégicos del Mediterráneo oriental. De ahí que la región fuera a lo largo de los ss. una zona de permanentes conflictos o, más exactamente, escenario de guerras y enfrentamientos por el control de este territorio y en los que, paradójicamente, los autóctonos desempeñaron tan sólo un papel secundario. Desde una perspectiva histórica, la peculiaridad de la civilización fenicia es el hecho de que, quizá más que ninguna otra, desarrollara su potencial humano, económico y cultural en el exterior e incluso en áreas muy alejadas de los centros originarios. La exploración temprana del Mediterráneo por las rutas septentrional y meridional llevó a los fenicios hasta el extremo Occidente en un proceso de colonización que alcanzó incluso áreas atlánticas (Lixus, en el norte de África). Según la tradición, Gadir (Cádiz) fue una fundación fenicia ca.1.100 a.C., aunque la arqueología no ha encontrado aquí materiales fenicios anteriores al siglo VIII. Pero es seguro que a finales del siglo IX, en 814, un grupo de tirios huidos de su ciudad natal fundó Carthago, que a la larga sería la ciudad occidental en más estrecho contacto con los fenicios orientales y occidentales. Por la ruta septentrional, Motya, en el noroeste de Sicilia, y Ebusus (Ibiza) fueron también dos enclaves controlados durante ss. por fenicios o púnicos, sus herederos en el control del comercio occidental. Pero es difícil decidir cuál de estas dos rutas fue practicada con preferencia por los fenicios, puesto que la mayor parte de los asentamientos conocidos del Mediterráneo central (Sicilia) y occidental (Cerdeña, Ibiza, sur de la península Ibérica) y supuestamente pertenecientes a la ruta septentrional, pueden haber sido fundaciones posteriores promovidas por los fenicios asentados en el área meridional; por lo que una ruta circular Este-Oeste-Este desde Tiro hasta Gadir y, de aquí, por la costa norteafricana hasta Fenicia, es poco probable, dado que exigiría un conocimiento de las técnicas y sistemas de navegación muy superior al de los griegos, navegación de cabotaje bordeando la costa, varios ss. después. Dicho de otro modo, el tópico de los fenicios como "los primeros marinos", debería ser completado con el de "y extraordinarios navegantes". En cualquier caso, la expansión fenicia por el Mediterráneo continúa ocupando un lugar primordial en los estudios relativos a la civilización fenicia, cuyos avances se ven empero obstaculizados por un círculo vicioso: la escasez de restos fenicios, depositados en museos, impiden la elaboración de valoraciones críticas fiables; la escasez de estas valoraciones críticas de conjunto es debida a la escasa divulgación de los testimonios arqueológicos. No obstante, estudios recientes suponen un giro en el tratamiento de la problemática fenicia tradicional con una combinación ponderada de los testimonios literarios y los datos arqueológicos. Aun así, la expansión por el Mediterráneo sigue concentrando la atención de los especialistas mucho más que el estudio de la situación interna de las ciudades fenicias que, sin duda, impulsó el proceso de colonización. Ello se justifica por una tendencia muy generalizada a considerar que la principal, y casi única, fuente de riqueza de los fenicios fue el comercio ultramarino, que impregnaría también el mundo colonial fenicio en Occidente. No obstante, esta tesis tradicional ha sido recientemente cuestionada en el análisis de algunos casos concretos, como el de la fundación de Cartago por un sector de la aristocracia terrateniente tiria, pero es dudoso que otros asentamientos fenicios menos duraderos (en islas como Chipre, Malta, Sicilia, Cerdeña e Ibiza; en enclaves de la costa norteafricana de Libia, Argelia, Túnez y Marruecos; e incluso los de la costa andaluza, en el sur de la península Ibérica) hayan sido "ab origine" fundaciones coloniales de carácter agrícola. Más bien parece que, como en otras ocasiones, el fenómeno de la expansión fenicia haya que entenderlo como un proceso histórico con motivaciones y objetivos diferentes en cada momento: hasta el siglo VIII, se trataría de viajes exploratorios realizados por mercaderes, pero sin asentamientos agrícolas, excepto quizá Cartago; desde el VIII al VI, se afianza la presencia comercial y se inicia el proceso colonizador agrícola; del siglo VI a.C. en adelante el protagonismo púnico en Occidente reemplaza la presencia fenicia anterior. Sin embargo, en apoyo de esta última tesis está el hecho de que, siendo la economía fenicia supuestamente comercial, sorprende la escasa presencia de monedas fenicias, y púnicas, incluso en períodos en que la moneda era ya de uso común en otros pueblos del Mediterráneo oriental como los lidios, jonios y griegos en general. Todo parece indicar que el nombre de "Fenicia" dado por los griegos a esta región del Levante, que se corresponde grosso modo con los límites del actual Líbano, no derive simplemente de "phoinix" o "phoinós", rojo, el color de la púrpura, industria en la que Fenicia mantuvo un lugar preeminente durante toda la antigüedad, sino que es preciso buscar el origen de este vocablo en otros léxicos (semíticos o asiáticos), que los griegos se limitarían a transcribir posteriormente a su lengua. En este sentido, los propios fenicios se consideraban de origen cananeo, mientras que los egipcios, para referirse a ellos, aludían al "País de Retenu". Finalmente, otro tópico relativo a los fenicios consiste en considerarlos "creadores" del alfabeto cuando, en realidad, fueron "transmisores" del mismo y existían ya otros alfabetos en las civilizaciones del Próximo Oriente. Pero si el alfabeto se formó reduciendo a poco más de una veintena el número de signos utilizados en la escritura, sea de origen hebreo, ugarítico (en Ras Shamra) o fenicio, fue debido a la existencia de un mayor grado de comunicación ca. 1000 a.C., fecha a la que pertenece la inscripción semítica no cuneiforme más antigua, grabada en un sarcófago de origen egipcio del "rey" Ahiram de Biblos. De la misma época son otras inscripciones halladas en Cnossos (Creta), Nora (Cerdeña), Chipre y Zinjirli (Turquía). La difusión de la escritura fenicia por el Mediterráneo y Anatolia ya a comienzos del siglo IX presupone un desarrollo previo de la cultura y civilización fenicias durante varios ss.. El sistema alfabético fenicio fue adoptado inmediatamente por el griego y difundido por todos los confines del mundo mediterráneo antiguo.