Con el nombre de Pandáreo se ponen en relación mitos oscuros originarios, al parecer, de Creta y Asia Menor, el testimonio más antiguo de los cuales es un relato contado en la Odisea. El primer episodio es conocido por Antonino Liberal y los escolios a la Odisea: cuando Rea, por temor a que Crono devorase a Zeus niño, ocultó a éste en una caverna de Creta, le dio por nodriza una cabra y por guardián un perro mágico, de oro. Al ser destronado Crono, la cabra fue transformada en constelación, y el perro, destinado a la custodia del santuario de Zeus, en Creta. Pero Pandáreo, hijo de Merops, robó el can y lo llevó al monte Sípilo, Lidia, lo dejó allí al cuidado de Tántalo y partió. A su regreso reclamó el animal a Tántalo, el cual negó, bajo juramento, que lo hubiese recibido jamás. Entonces intervino Zeus y transformó a Pandáreo en roca en castigo de su hurto, sepultando a Tántalo bajo el monte Sípilo para castigarlo por su perjurio. Existe otra variante: el perro habría sido confiado a Tántalo, pero quien va a reclamarlo es Hermes, por cuenta de Zeus. Tántalo declara a Hermes bajo juramento que jamás lo ha visto. Sin embargo, Hermes logra descubrir el animal, y Zeus castiga a Tántalo como en la versión anterior. En cuanto a Pandáreo, se contaba a veces que se había asustado al conocer la suerte de Tántalo, y había huido con su esposa Harmótoe y sus hijas, pasando a Atenas y de allí, a Sicilia; pero Zeus le había dado muerte, así como a su mujer. Las hijas habían sido criadas por las Harpías. Al referirse a las hijas de Pandáreo, la Odisea alude a este mito. Un día Penélope, desesperada, desea una muerte rápida, semejante a la que tuvieron las hijas de Pandáreo. Estas muchachas, después de la muerte de sus padres, habían quedado sin amparo, y los dioses, apiadados, habían decidido tomarlas bajo su protección. Afrodita les llevó comida; Hera les procuró sabiduría y belleza; Ártemis, elegancia; Atenea, habilidad manual. Y cuando su educación estaba a punto de terminar, Afrodita subió por un instante al Olimpo a pedir a Zeus que les proporcionase maridos dignos de ellas. Aprovechando aquel breve momento, las Harpías se precipitarón sobre las jóvenes, las raptaron y las entregaron como esclavas a las Erinias, en los Infiernos. Las tradiciones varian en lo que respecta al número y nombres de las hijas de Pandáreo: ora son dos, Camiro y Clitia, o bien Cleotera y Mérope; ora tres, Cleotera, Mérope y Aedón. Este último nombre relaciona el mito de Pandáreo, tal como aparece en la Odisea, con una leyenda milesia, la de la Golondrina y el Ruiseñor, donde Aedón y Quelidón, que llevan los nombres de estas aves, son también hijas de Pandáreo, rey de Éfeso (Ver para esta leyenda, Aedón). Este Pandáreo había recibido de Deméter el don de no sufrir jamás del estómago, cualquiera que fuese la cantidad de comida que hubiese ingerido.