El mito de Orfeo es uno de los más oscuros y más cargados de simbolismo de cuantos registra la mitología helénica. Conocido desde época muy remota, ha evolucionado hasta convertirse en una verdadera teología, en torno a la cual existía una literatura muy abundante y, en gran medida, esotérica. No se puede decir que el mito de Orfeo no haya ejercido una influencia cierta en la formación del cristianismo primitivo y está atestiguado en la iconografía cristiana. Orfeo es considerado unánimemente como hijo de Eagro, pero las tradiciones discrepan acerca del nombre de su madre. Lo más corriente es hacerlo pasar por hijo de Calíope, la más elevada en dignidad de las nueve Musas. A veces, en vez de Calíope se menciona a Polimnia, o bien, aunque más raramente, a Menipe, hija de Támiris. Orfeo es de origen tracio. Es, pues, como las Musas, vecino del Olimpo, donde con frecuencia es representado cantando. En los monumentos figurados lleva el traje tracio. Los mitógrafos lo presentan como un rey de esta región: de los bistones, de los odrisos, de los macedonios, etc.. Orfeo es el cantor por excelencia, el músico y el poeta. Toca la lira y la "cítara", cuyo invento se le atribuye a menudo. Cuando no se le reconoce este honor, se le concede por lo menos el de haber aumentado el número de cuerdas del instrumento, que primero habrían sido siete y pasaron a ser nueve, "por razón del número de las Musas". Sea lo que fuere, Orfeo sabía entonar cantos tan dulces, que las fieras lo seguían, las plantas y los árboles se inclinaban hacia él, y suavizaba el carácter de los hombres más ariscos. Orfeo participó en la expedición de los Argonautas, pero, más débil que los demás héroes, no rema; actúa de "jefe de maniobra", dando la cadencia a los remeros. En una tempestad tranquiliza a los tripulantes y calma los elementos con sus cantos. Como es el único iniciado en los misterios de Samotracia, suplica a los Cabiros, dioses de estos misterios, en nombre de sus compañeros, a los cuales persuade de que se hagan iniciar a su vez. Su misión principal fue cantar mientras las Sirenas intentaban seducir a los Argonautas, y logró retener a éstos al superar, con acentos más dulces, a las magas. En el poema Argonáuticas órficas se le atribuían además otras hazañas: conjurar los peligros por medio de operaciones mágicas, etc.. En resumen, Orfeo fue el sacerdote de los Argonautas. El mito más célebre relativo a Orfeo es su descenso a los infiernos por el amor de su esposa Eurídice. Según parece, se desarrolló sobre todo como tema literario en la época alejandrina, y el libro IV de las Geórgicas de Virgilio, nos da de él la versión más rica y acabada. Eurídice es una Ninfa (una Dríade) o bien una hija de Apolo. Paseando un día por la orilla de un río de Tracia, fue perseguida por Aristeo, quien intentó violarla. Al correr por la hierba le mordió una serpiente y murió. Orfeo, inconsolable, descendió a los Infiernos en busca de su esposa. Con los acentos de su lira encanta no sólo a los monstruos del Tártaro, sino incluso a los dioses infernales. Los poetas rivalizan en imaginación para describir los efectos de esta música divina: la rueda de Ixión deja de girar; la roca de Sísifo queda en equilibrio; Tántalo olvida su hambre y su sed, etc. Hasta las mismas Danaides dejan de llenar su tonel sin fondo. Hades y Perséfone acceden a restituir a Eurídice a un marido que da tales pruebas de amor, pero ponen una condición: que Orfeo vuelva a la luz del día, seguido de su esposa, sin volverse a mirarla antes de haber salido de su reino. Orfeo acepta y emprende el camino. Ha llegado casi a la luz del sol cuando le asalta una terrible duda: ¿No se habrá burlado Perséfone de él? ¿Le sigue realmente Eurídice?. Y se vuelve. Pero Eurídice se desvanece y muere por segunda vez. Orfeo trata de recuperarla nuevamente, pero esta vez Caronte permanece inflexible y le impide el acceso al mundo infernal. Desconsolado, ha de reintegrarse a los humanos. La muerte de Orfeo ha dado origen a gran número de tradiciones. Según la más corriente, fue muerto por las mujeres tracias. Pero los motivos que le valieron su odio varían: a veces, éstas están envidiosas por su fidelidad a la memoria de Eurídice, fidelidad que interpretan como un insulto. Se decía también que Orfeo, no queriendo comercio con las mujeres, se rodeaba de muchachos, y se llegaba a afirmar que había inventado la pederastia; su amigo habría sido Calais, hijo de Bóreas. O bien, finalmente, que Orfeo, a su regreso de los Infiernos había instituido unos misterios basados en experiencias recogidas en el mundo subterráneo, pero había prohibido que fuesen admitidas en ellos las mujeres. Los hombres se reunían con él en una casa cerrada y dejaban las armas en la puerta, hasta que una noche se apoderaron de ellas las mujeres, y, cuando los hombres salieron, asesinaron a Orfeo y a sus adictos. Otra explicación se buscaba en una maldición de Afrodita. En efecto, cuando la riña de esta diosa con Perséfone por causa de Adonis, había debido someterse, por orden de Zeus, al arbitraje de Calíope, la cual había fallado que las dos divinidades tendrían consigo a Adonis una parte del año, alternativamente. Afrodita se había indignado mucho con esta decisión y, no pudiendo vengarse directamente de Calíope, inspiró a las mujeres tracias una violenta pasión por Orfeo. Pero éstas, no queriendo cedérselo mutuamente, lo destrozaron. Una tradición completamente distinta pretendía que Orfeo había sido muerto por Zeus, con un rayo. Zeus estaba irritado por las revelaciones místicas hechas por Orfeo a los iniciados en sus misterios. Cuando las mujeres tracias, en la versión más corriente de la muerte de Orfeo, hubieron despedazado su cadáver, arrojaron los trozos al río, que los arrastró hasta el mar. La cabeza y la lira del poeta llegaron así a Lesbos, cuyos habitantes tributaron honores fúnebres a Orfeo y le erigieron una tumba. Se pretendía que de esta tumba salía a veces el son de una lira; por eso la isla de Lesbos fue la tierra por excelencia de la poesía lírica. También enseñaban la tumba de Orfeo en otros lugares; por ejemplo, en Asia Menor, en la desembocadura del río Meles. Se contaba al respecto que, a la muerte de Orfeo, se había declarado una peste en Tracia. Consultado el oráculo, éste respondió que era un castigo por el asesinato del poeta y que, para librar al país de la epidemia era preciso recuperar la cabeza de Orfeo y tributarle honras fúnebres. Tras larga búsqueda, unos pescadores acabaron por encontrarla, varada en la desembocadura del Meles, sangrante aún y cantando, como cuando estaba viva. Acerca de la tumba de Orfeo existía en Tesalia una curiosa leyenda. Esta tumba. según se decía, se encontraba en otro tiempo en Leibetra, y un oráculo de Dioniso tracio había predicho que si las cenizas de Orfeo veían el sol, la ciudad sería devastada por un cerdo. Los habitantes se burlaron del vaticinio, creyendo imposible que un cerdo asolase su ciudad. Pero he aquí que, un día de verano, a la hora de la siesta, un pastor se quedó dormido sobre la tumba del poeta y, en su sueño, penetrado por el espíritu de Orfeo, se puso a cantar con melodiosa voz himnos órficos. Al oir esta música, los trabajadores de los campos interrumpieron su labor y acudieron en masa a la sepultura. Fue tal el tumulto, que las columnas del monumento se quebraron, aplastando el sarcófago que contenía las cenizas del héroe. A la noche siguiente desencadenose una violenta tempestad, crecieron las aguas del río Sys (que en griego significa "cerdo"), que bañaba la ciudad, y la inundación destruyó sus principales monumentos. De este modo se cumplió el oráculo misterioso. Después de la muerte de Orfeo, su lira fue transportada al cielo, donde quedó convertida en constelación. El alma del poeta pasó a los Campos Elíseos, donde, revestida de un largo ropaje blanco, sigue cantando para los bienaventurados. En torno a este mito se formó la teología órfica. Creíase que de su descenso a los infiernos, en busca de Eurídice, Orfeo había traído informes sobre la manera de llegar al país de los bienaventurados y evitar todos los obstáculos y trampas que esperan al alma después de la muerte. Existe toda una literatura de poemas apócrifos atribuidos a Orfeo, poemas que van desde breves fórmulas populares, que se inscribían en placas y se enterraban con los muertos, hasta Himnos, una Teogonía y un extenso poema épico, Argonáuticas, al que ya se ha hecho alusión. Orfeo pasaba a veces por ser el fundador, junto con Dioniso, de los misterios de Eleusis. Una tradición, referida de diversas maneras, pretendía que Orfeo era antepasado de Homero y de Hesíodo.