Lucio Licinio (Lucius Licinius Lucullus) (ca.118-56 a.C.). Como consecuencia de sus campañas mereció el sobrenombre de Póntico. Nieto de Lúculo, el cónsul del 151. Su tío materno era Metelo Numídico, a cuyo hijo Metelo Pío prestó su apoyo Lúculo en su petición para que el padre volviera del exilio. Lúculo fue un cercano seguidor de Sila en las guerras sociales que empezaron en el 91, obteniendo su plena confianza. En el 88, cuando Lúculo era cuestor, fue el único oficial de Sila en apoyarle en su marcha sobre Roma. En el 86, Sila lo llevó consigo a Asia en su plantilla militar para su campaña contra Mitrídates VI del Ponto (Primera Guerra Mitridática), y lo entrenó en la manera de luchar allí. Sila le confió la difícil tarea de conseguir barcos y dinero de los aliados orientales, y cerca de Pérgamo, siguiendo las instrucciones de Sila, permitió que Mitrídates escapara de las garras de Gayo Fimbria. La fuerza naval de Lúculo se reunió más adelante con Sila, cruzando el Helesponto, para negociar desde una posición de fuerza con Mitrídates en Dárdano. En el 79, Lúculo fue edil junto con su hermano y organizó unos generosos juegos para el pueblo. Como pretor al año siguiente, una vez muerto Sila, Lúculo actuó como tutor de los hijos de este y como albacea literario. En el 77 fue propretor en África, gobernando eficientemente, y desempeñó el consulado en el 74, prestando ayuda entonces a Pompeyo, que luchaba en Hispania. En Roma, Lúculo intrigó con Cetego para permitir a Marco Antonio Crético obtener un mando ilimitado contra los piratas del Mediterráneo, y para sí un mando contra Mitrídates como gobernador de Asia y Bitinia. El vecino reino de Bitinia se había convertido en territorio romano a principios del 74, tras la muerte de su rey, Nicomedes IV. Mitrídates vio esto como una nueva amenaza contra su independencia y se anticipó a la acción de los romanos ocupando él mismo Bitinia. La resultante Tercera Guerra Mitridática implicó a ambos Lúculos y a su colega en el consulado del 74, M. Aurelio Cotta; este último fue derrotado por mar y cercado en Calcedonia; Mitrídates invadió Asia, pero fue incapaz de tomar Cízico, mientras Lúculo concentraba sus fuerzas, liberaba Cízico y empujaba al ejército de Mitrídates, en desorden al interior de Bitinia. A continuación, Lúculo intentó hacer caer en una trampa al rey, pero fracasó por la lentitud de su flota; la flota de Mitrídates pudo escapar, pero fue destrozada por una tormenta en el mar Negro. Lúculo empleó el verano del 73 en intentar someter sin éxito el Ponto, pero al año siguiente, con la ayuda de Deyótaro, un príncipe gálata, Lúculo derrotó a la caballería de Mitrídates y masacró a su infantería, cerca de Cabira. Mitrídates huyó para buscar refugio junto a su pariente Tigranes II de Armenia Mientras su ejército completaba el sometimiento del Ponto, Lúculo volvió a su provincia de Asia, que estaba en crisis financiera. Sila había impuesto una multa de 20.000 talentos a la provincia, y sus habitantes habían tenido que pedir un préstamo a los banqueros romanos a un altísimo interés: ahora debían a los banqueros seis veces la cantidad de la deuda. Lúculo impuso un arreglo que favorecía más a la provincia que a los prestamistas romanos, reduciendo su deuda a 40.000 talentos, a los que se pagaría una suma reducida a plazos durante cuatro años. En el 69, tras solicitar al Senado la anexión del Ponto, Lúculo invadió Armenia con un ejército mediocre y obtuvo una aplastante victoria, tomando y saqueando Tigranocerta, la nueva capital. Obligó a Tigranes a devolver los extensos territorios que se había anexionado en Asia Menor y Siria. Sin embargo, Tigranes se retiró al este, concretamente a Artaxarta, su antigua capital, y Lúculo lo persiguió. Pero su ejército se amotinó y el Senado se negó a entregarle más tropas, despojándolo incluso de sus provincias: Lúculo había provocado en Roma un gran resentimiento por su arreglo de la crisis financiera de Asia. Pasó el invierno en Nisibis. Su cuñado Publio Clodio se empleó a fondo incitando a las tropas a que se rebelaran contra Lúculo. Más aún, el nuevo mando de Pompeyo contra los piratas le privó de cualquier posibilidad de obtener soldados de refuerzo. Como la mayor parte de su ejército se había dispersado, Lúculo regresó al Ponto, pero tuvo que contemplar cómo Mitrídates y Tigranes recuperaban sus reinos. Tras la derrota de su legado Triario en Zela, la situación era desesperada (irónicamente, el Senado acababa de aprobar la creación de una provincia del Ponto) y Lúculo (65) tuvo que entregar su mando a Pompeyo por la ley Manilia. Tras su vuelta a casa, Lúculo se divorció de su esposa Clodia, hermana de su enemigo P. Clodio, y se casó con Servilia, hermanastra de Catón. Lúculo tuvo que esperar hasta el 63 para celebrar su triunfo. Fracasó estrepitosamente en su posterior actividad política en contra de César y Pompeyo. Lúculo era inmensamente rico y vivió sus últimos años rodeado de un lujo proverbial en sus jardines del Quirinal, muriendo enloquecido. Empleó inmensas riquezas en empresas colosales, como vastísimos túneles, espaciosos estanques cuya pesca se evaluó al tiempo de su muerte en 4.000.000 de sestercios, y casas de recreo flotantes en el mar. En su mesa se presentaban siempre manjares tan raros, que sólo podían adquirirse a costa de cuantiosas sumas. Desde la puerta de su palacio se respiraban exquisitos perfumes de Asia; los muebles eran de una magnificencia extraordinaria, y durante las comidas a las que convidaba diariamente a gran número de amigos, recreaba sus oídos una orquesta escogida, amenizada con la lectura de los mejores escritos de los autores griegos. Tenía igualmente una magnífica biblioteca abierta siempre a las personas instruidas y un museo compuesto de las mejores obras de pintura y escultura. Fue un gran orador y buen amigo de Cicerón y de Catón. Fue escritor y mecenas literario, y un epicúreo. Había adquirido también reputación de gastrónomo. Se le debe la aclimatación del cerezo en Europa.