o Esaw o Esau (siglo XVIII a.C.). Hijo de Isaac y de Rebeca y hermano gemelo de Jacob. Del conflicto entre los dos hermanos, los únicos hijos que habían tenido sus padres, arranca buena parte de la historia posterior. Esaú y Jacob, bajo el nombre de Edom e Israel, personifican la herida abierta entre edomitas e israelitas; una herida que sólo cicatrizaría más de un milenio más tarde cuando los Macabeos forzaron a la casa edomita (o idumea) de los Herodes a convertirse al judaísmo. Esaú fue víctima de un engaño que, en este caso, como en tantos otros en la Biblia, no es visto con buenos ojos, sin llegar por ello a condenarlo o castigarlo de forma expresa. El enfrentamiento entre los gemelos se inició en el vientre materno. Dios le había comunicado a Rebeca que había concebido dos naciones y que el hijo mayor sería el sirviente del menor. Esaú fue el primogénito y, tras él, salió Jacob, agarrado a su hermano por el tobillo. Esaú llegaría a ser un gran cazador, mientras que Jacob fue un hombre del llano y de la tienda. Esaú era el favorito de su padre y Jacob el de su madre. Pasados los años, llegó Esaú un día, agotado y muerto de hambre, y rogó a Jacob que le diera un guiso de lentejas. Jacob accedió, pero a condición de que le concediera la primogenitura. Esaú, muerto de hambre como estaba, no concedió excesivo valor a semejante concesión. Varios años después, cuando Isaac era ya un anciano ciego, mandó a Esaú que matara un venado y le preparara con él una suculenta comida, para que así pudiera bendecirle antes de morir. Rebeca, que había oído esta conversación, mandó a Jacob que matara a dos cabritos, con los que ella misma prepararía una suculenta comida a Isaac, para que éste le bendijera a él en vez de a Esaú. Dado que Esaú era un hombre velludo, mientras que él era lampiño, Jacob tenía miedo de que, a pesar de su ceguera, Isaac descubriera el engaño y le maldijera en lugar de bendecirle. Pero Rebeca consiguió disipar las dudas de Jacob, vistiéndole con las ropas de su hermano y cubriéndole los brazos y el cuello con el vellón de los cabritos. Todo salió según lo planeado y Jacob obtuvo la bendición de su padre. Cuando llegó Esaú ya era demasiado tarde, la bendición había recaído de forma irrevocable sobre Jacob. El odio de Esaú le llevó a jurar que mataría a Jacob en cuanto muriera Isaac, pero Rebeca le puso a salvo, enviándolo a que pasara una temporada con su hermano Labán. La estancia se prolongaría durante 20 años, y Jacob sólo regresó cuando Isaac parecía hallarse próximo a morir. Alarmado por la noticia de que Esaú se aproximaba hacia él acompañado de una comitiva de varios cientos de personas, Jacob envió a Esaú un regalo consistente en 550 animales de distintas especies, pero Esaú le abrazó con gran calidez, se negó a aceptar el regalo y retornó pacíficamente a Edom. Cuando finalmente murió Isaac volvieron a reunirse y ambos participaron en el entierro de su padre. Para gran disgusto de sus progenitores las esposas de Esaú fueron cananeas. Otra de sus esposas fue una de las hijas de Ismael. En algunos relatos, no pertenecientes a la Biblia, Esaú terminaría muriendo a manos de Jacob, al que había declarado la guerra. Los Padres de la iglesia, especialmente San Agustín, han considerado a Esaú como la figura de los réprobos, hombres dados a la gula y a la sensualidad. Los rabinos no lo tratan mejor: dicen que nació en el siglo de Marte y por tanto tuvo instintos sanguinarios: además le acusan de haber dado muerte a Nemrod para quitarle la maravillosa túnica de Adán. Otros aseguran que estaba animado por el alma de Caín y que había renunciado a la vida eterna antes de salir del vientre de su madre. El nombre de hijo de Esaú o Edomita era una injuria. Los judíos aseguraban que los romanos descendían directamente de Esaú. Esaú quedó como símbolo de la simpleza, de lo vil e incluso fue tachado de irreligioso. Ver, Edom.