Eolo II, hijo de Arne y Posidón, es nieto del Eolo, hijo de Helén. A menudo, tal es la tradición seguida particularmente por Eurípides en sus dos tragedias perdidas sobre Melanipa, la madre de este Eolo lleva el nombre de Melanipa en vez del de Arne. Melanipa (o Arne) tuvo de Posidón dos gemelos, Eolo y Beoto. A su nacimiento, el padre de Melanipa (Eolo I, hijo de Helén o tal vez Desmontes, según Higino, nombre que procede casi con seguridad de un error del compilador sobre el título de la tragedia de Eurípides que aquél resume, "Melanipa encadenada"), ciega a su hija y la recluye en un calabozo; luego ordena que los niños sean abandonados en el monte. Una vaca acude a nutrirlos con su leche hasta que unos pastores, testigos del milagro, recogen a Eolo y Beoto y los crían en su compañía. Mientras tanto, Metaponto, rey de Icaria (según Higino. Debe leerse, sin duda, de Italia) no lograba tener ningún hijo de su esposa Teano, y, en vista de su esterilidad, la amenazó con repudiarla. Ésta pidió a los pastores que le facilitasen niños que ella pudiese hacer pasar por suyos, y aquéllos le dieron a Eolo y Beoto, que presentó a su marido haciéndole creer que eran sus hijos. Pero luego, Teano dio a luz a dos niños, y entonces pensó en desembarazarse de los extraños que tan imprudentemente había introducido en su casa, tanto más cuanto que por su belleza eran los predilectos de su esposo. Un día en que éste había ido a ofrecer un sacrificio a Diana de Metapontio, Teano reveló a sus hijos el secreto del nacimiento de Eolo y Beoto, y les pidió que les diesen muerte en una cacería. Los cuatro jóvenes se batieron en la montaña y gracias a la ayuda de Posidón, Eolo y Beoto resultaron vencedores. Mataron a los hijos de Teano y luego huyeron a refugiarse junto a los pastores que los habían recogido en su niñez. Allí, Posidón les reveló que era su padre y les dijo que su madre seguía prisionera, por lo cual los jóvenes se apresuraron a ir a liberarla. El dios le devolvió la vista. Entonces sus hijos la condujeron a Metapontio donde informaron al rey Metaponto acerca de los crímenes de Teano. El monarca casó con Melanipa, y los dos jóvenes partieron con objeto de fundar, el uno, Beocia (¿en Tracia?), y el otro, Eolia, en la Propóntide. Existen otras versiones de la misma leyenda, sobre todo una según la cual Arne-Melanipa, encinta de Poseidón, no es encarcelada por su padre, sino entregada a un habitante de Metapontio, de paso por Tesalia, que, vuelto a su tierra, adoptó a los dos niños Eolo y Beoto siguiendo el consejo de un oráculo. Ya hombres, los hijos de Arne, aprovechándose de una revolución, se adueñaron del poder en Metapontio y luego mataron a la mujer de su padre adoptivo (Autólite, o quizá Siris), que había reñido con su madre. A consecuencia de este asesinato tuvieron que huir. Eolo se trasladó a las islas del mar Eólico, donde fundó la ciudad de Lípara, mientras Beoto se dirigía a Eólide, llamada más tarde Tesalia. Contábase también que Eolo, a su partida de Metapontio, fue acogido, en las islas Eolias, por el rey Líparo, hijo de Ausón, quien le dio en matrimonio a su hija Cíane y le entregó el poder, mientras él se trasladaba a Sorrento, en el golfo de Nápoles. Eolo tuvo de Cíane seis hijos: Astíoco, Juto, Androcles, Feremón, Yocasto y Agatirno.