Faraón del Imperio Nuevo y de la Dinastía XVIII (1.552-1.305), que reinó entre 1.333-1.305. Tambien es conocido como Harmais. Su nombre atoniano fue Paatonemheb. Fue general en el reinado de Ajenatón. Antes de ser faraón desempeñó junto con Maya, un papel clave en el gobierno de Egipto, durante el reinado de Nebjeperure Tutankhatón. Debido a la edad de este faraón, que ascendió al trono con la edad de 9 años, el gobierno estaba en manos de Horemheb y Maya, así como en las de un influyente oficial cuyo nombre era Ay. Horemheb, autoritario, era caudillo del ejército y, como tal, responsable de la política exterior de Egipto. Además también ejercía el papel de príncipe y, en el supuesto de que el faraón hubiera muerto sin descendencia, como así fue, el le hubiera sucedido y, sin embargo, no fue así. Al fallecer el faraón Ay, Horemheb era el hombre fuerte del momento. Héroe nacional al haber salvado el imperio egipcio de Asia, haciendo retroceder a los hititas. Descendiente de una antigua familia aristocrática del Egipto Medio y un gran devoto al mismo tiempo del dios Horus, divinidad cuyo nombre figuraba en su propio patronímico. Debió el trono a la alianza de la vieja oligarquía con el clero de Amón, así como al apoyo del ejército. Para legitimar su acceso al trono, casó con la princesa real Mutnedjemet, quien parece que era hija de Ay. Es considerado el último representante de la Dinastía XVIII. Una inscripción en una doble estatua, conocida como Estatua de la coronación (granito de 1,29 cm de altura, hoy en el Museo de Turín) ha transmitido, aunque fragmentariamente, la ceremonia de su entronización en Tebas, y en la que con el nombre de coronamiento de Dyeserjeperure Setepenre, figura su futuro programa político. Al comienzo de su reinado, y tras perseguir la memoria de Ay y apartar de la milicia al general Nakhtmin, cuyo recuerdo también intentó eliminar y con quien había mantenido fuertes tensiones políticas, promulgó un Decreto, que grabó en una gran Estela hallada en el décimo pilono de Karnak, instrumento jurídico tendente a cortar el abuso de magistrados, soldados y funcionarios de hacienda. Asimismo, reestructuró el poder religioso, volviendo a la más escrupulosa ortodoxia del culto a Amón y controlando la economía de los templos. Incluso la cronología de su reinado la hizo comenzar a partir de Amenofis III, intentando así suprimir el período amarniense. Asimismo, desmanteló buena parte de las construcciones de Akhenatón, reemplazó el nombre de Tutankhamón en las estatuas y monumentos de este faraón por el suyo propio y se esforzó en borrar el recuerdo tanto del joven faraón como el de su sucesor Ay. También la milicia, a la que concedió gran importancia (los militares participaron en los tribunales de justicia), fue regulada y dividida en dos grandes áreas coincidentes con el Alto y el Bajo Egipto. En política exterior, Horemheb fue consciente del poder real de su país, no entablando luchas de conquista, sino controlando la influencia egipcia en Siria (luchas contra las tropas hititas de Mursilis II), Palestina y Fenicia. Horemheb realizó notables construcciones, destacando entre ellas las de Karnak (sala hipóstila del templo de Amón, serie de tres pilonos), las de Nubia (speos en Gebel Silsileh y en Gebel Adde), o las de Menfis (recinto de Ptah). Se tienen pruebas de que Horemheb se mostró tolerante tanto con el culto a Atón, algunos de cuyos templos seguían abiertos al culto público, como con el recuerdo de su familia política, a la cual debía, en definitiva, su propia legitimidad dinástica. A este respecto, recordar que cuando unos saqueadores fueron sorprendidos dentro de la tumba de Tutankhamón, fue Horemheb quien hizo preservar su integridad y la selló nuevamente. Así ha llegado a nosotros. Lo que sí cabe atribuir a Horemheb es el desmantelamiento integral del templo que Ajenatón hizo construir en Tebas. En su lugar hizo una nueva ampliación del templo de Amón, en Karnak, reutilizando los materiales del anterior. Promulgó un nuevo Edicto, que lleva su nombre, para tratar de atajar la creciente corrupción administrativa. En él, se describe, en términos patéticos, la dramática situación en que se encontraba el pueblo y los abusos de que era objeto por parte de ciertos altos funcionarios deshonestos. Se dictan penas muy severas. Horemheb se esforzó en neutralizar el poder de su peligroso aliado, el gran sacerdote de Amón, a quien sólo devolvió la dirección de todos los cultos de Egipto, es decir, el sumo pontificado, poco antes de su muerte. Además, tuvo la precaución de equilibrar a Amón, con Horus y los restantes dioses locales, así como a Tebas, con Menfis y la oligarquía provinciana de la que procedía. Habiendo sido militar de profesión, potenció extraordinariamente el ejército. También, hizo una seria reforma administrativa con medidas descentralizadoras. Al no haber tenido heredero que le sobreviviese (su esposa Mutnedjemet había tenido trece embarazos fallidos y había muerto a consecuencia de un parto; de Imenia tampoco los había tenido), Horemheb transmitió el poder a un compañero suyo, el general Parameses, quien sería el futuro Rameses I, fundador de la Dinastía XIX. Como particular, su tumba se erigió en Saqqara, durante el reinado de Tutankhamón, y estaba destinada a él y a su esposa Imenia, que murió cuando el proyecto de construcción había apenas comenzado. No utilizó este hipogeo, pues hacia el séptimo año de su reinado ordenó iniciar las labores para su tumba en el Valle de los Reyes, dotándola de ricos relieves policromados y de un magnífico sarcófago de granito rojo, y allí fue sepultado (KV 57), mientras que la tumba de Menfis acogió los restos de su segunda esposa Mutnedjemet (redescubierta en 1975). Se ignora el número de años que reinó, a pesar de tenerse referencias a un año 27 de gobierno. Ver, Paatonemheb.